jueves, 27 de septiembre de 2007

5. LA LOCURA DESDE IDIOMAS INDÍGENAS ARGENTINOS DE LOS SIGLOS XVII Y XVIII

Introducción

El presente trabajo fue realizado mediante la consulta a fuentes históricas y contemporáneas. Se han examinado diccionarios hechos por jesuitas y otros actuales de diverso origen. La intención era encontrar términos en lenguas indígenas para nombrar a la locura. Con el hallazgo del término locura en cada lengua, luego se procedió a verificar qué similitudes tenía la palabra con otras de su mismo idioma. Este parecido nos puede hacer llegar a su significado original.
Asimismo, se dividieron los idiomas según la zona argentina en donde se hablaron y se siguen utilizando. A tres puntos cardinales (Noroeste, Noreste y Sur) se agregará una cuarta división, nombrada como Interzona por estar ubicada entre las regiones noroeste y noreste.

El idioma Guaraní al Noreste de la Argentina

La fuente consultada en esta lengua fue la obra de Antonio Ruiz, titulada Tesoro de la lengua guaraní y publicada en Madrid, hacia 1639, por Juan Sánchez. De este libro se han extraído las siguientes palabras significativas relacionadas a la locura, tanto en su significado como por su parecida forma. La locura en guaraní gira en relación a la palabra Cañy. Esta palabra se vincula con la pérdida, muerte, olvido, huida, acabamiento

Palabra En relación a
Cañy Amar: Huahuyape Cheacañy (Piérdome por su amor).
(Pérdida, muerte, Brujería: Amocañy mitanga gui maemohece (Hacer mal con la vista)
olvido, acabamiento) Amocañy paypipe/Curupaipipe (Enhechizar).
Vergüenza: Cheticañy quite cobo (He perdido la vergüenza).
Olvido: Ocañy che acanga gui (Olvidóseme).
Amocañy mburu che mandrahaba gui (hubo desterrado de
mi memoria).


Otros términos relacionados por forma o pronunciación

Aracañy: pérdida de juicio, pérdida de entendimiento.
Cheacañy: perdida de juicio y tino.
Acurupai bona: hacer hechizar.
Ambo curupai: enhechizar.
Curupai: árbol, especie de algarrobo, lo mismo dicen del
Hechizo.

La locura en el guaraní del siglo XVII está relacionada a una pérdida y conectada con el amar, la brujería, y el olvido. También hace referencia al “mal de ojo” (hacer mal con la vista). Pero, básicamente, la locura tiene una fuerte tendencia a la brujería y quizás a formas activas, de estilo maníaco.

El idioma Quichua en el Noroeste de Argentina

La fuente tomada es el Vocabulario de la lengua general en torno del Alto Perú llamada Lengua Quichua o del Inca, de Diego Gonzáles Holguín. Fue publicada por la imprenta de Francisco del Canto, en Lima, hacia 1608. La edición vista es la del Instituto de Historia de Lima, de 1952. Para esta lengua, la locura gira en relación a la palabra Vtek (loco)

Palabra En relación a:


Vtek Chaya puyok vtek : loco lunático.
(Loco) Muzpay cachak; loco que desatina.
Haucha vtek manchay: loco furioso de atar.
Soncoconak chhussak: loco sin juicio.
Poques: loco natural inocente.
Muspak huina huañu pucuk: loco de aflicción
desconsiderado.
Vtek cay: locura.
Vtuni vtey cachani: hacer locuras.
Vtek chanani: loco, volverse el cuerdo.
Vtek chanak: loco confirmado.
Vtik: tonto.

Otros términos de igual forma:
Vtini: maravillarse.
Vtirayani: estar embelesado, vergüenza.
Vticayani: miembros adormecidos, sin sentidos
Vticapani tapcasa: pasmar o quedarse en algo malo.

La locura tiene muchas variantes en esta lengua. Por un lado la indicación de furia, algo sin juicio y desconsiderado. Por otro lado tiene una vertiente de inocencia, tontería y espasmo. En esta zona idiomática, puede decirse que la locura tiene una doble connotación. Por un lado, encontramos al modo activo, de tipo maníaco (1) furioso. Por el otro, tiene una significación de algo pasivo, por la referencia a la tontería y al espasmo, más de tipo melancólico.

El idioma Araucano al Sur de Argentina

Aquí, la fuente consultada fue Arte de la lengua general de Chile, escrita por Andrés Febré y publicada en Lima, en 1765. La locura se pone en relación con las palabras Ñua, Pual, Cuñi y Huedhued.

Palabras:

Ñua: loco o travieso; pero que lo toman por ordinario, por bellaco y deshonesto.
Cuñi: loco por travieso.
Pual: loco de enfermedad.
Huedhued: loco.

Otras palabras similares:
Ñuadomo: mujer mala o ramera.
Ñuanpen: la mujer adúltera.
Coñi: pene.
Coñi: llama la madre a sus hijos.
Coñihue: útero materno.

En esta lengua, la locura esta muy relacionada con temas sexuales, desde un modo lingüístico. Por el significado, parece indicar que es una locura de connotación activa, de tipo maníaca.

Interzona (otros idiomas entre el Noreste y Noroeste de Argentina)

A) Aymará: Fuente de Ludovico Bertonio, su libro es Vocabulario de lengua Aymara, editado en la Provincia de Chucuito, por Francisco Caito, en el año 1612.

Palabra En relación a:

Loco Vide: loco alunado.
(Loque tucucu, Vide brano/Haplla: loco desatinado.
chuymariafa) Loque cancaña: locura.
Loqhuep tata vil hapllaptahta: hacer locuras.
Loqqhe chafita: enloquecer fingiéndose el loco.
Loqqhe chafiratha: enloquecer fingiéndose el loco.
Loqhuetata: enloquecido.
Loqhueptiri: enloquecido.
Otros términos relacionados
Haptha: bravo, arrebatado.
Cancaña: ser o esencia.

En esta lengua también se encuentran muchas variantes del término locura. Se halla más emparentada a la furia y el arrebatamiento; podría relacionársela con la afección de tipo maníaca.

B) Abipones: La fuente principal no ha sido un diccionario de la época, sino una descripción hecha por Martín Dobrizhoffer, autor del libro Historia de Abipones, de 1784. Se describe allí una forma de locura llamada Loaparaika.

Forma de locura: Incluye:

Loaparaika Insomio.
No comen ni duermen.
Mirada amenazadora, turbada por tristeza o melancolía.
Loaparaika La enfermedad aparece después del mediodía.
(incluye) cont. Puede durar una o dos semanas, incluso un mes.
Corren al cementerio a velocidad de avestruz.
No se los puede hacer volver a casa.
El pueblo donde vive lo deja solo con un palo y rompe cosas.
Los habitantes se reúnen haciendo un círculo de contención
alrededor del sujeto

La descripción de la palabra Loaparaika ha quedado establecida con bastante claridad por el jesuita Dobrizhoffer. Tiene una connotación furiosa, de locura de tipo activa y maníaca.

C) Lule y Tonocote: La fuente tomada es la de Antonio Machoni de Cerdeña, titulada Arte y vocabulario de lengua Lule y Tonocoté. Este libro fue impreso en Madrid por los herederos de Juan García Infanzón, en 1732. La locura se encuentra aquí relacionada con la palabra Ycé, que significa ánima.

Palabra: En relación a:
Ycé Yceaamp: aliento/tener
(ánima) Ycetuiccamp/Ycepulufp: loco/necio
Ycecalcip: triste
Ycecaleic/Ycecalery: arrepentirse
Yzeló: diablo/demonio
Palabra similar:
Campp: flacura

La locura podría vincularse en esta lengua con el ánima, su forma está en relación a otras palabras como necio, triste, arrepentimiento, flacura y demonio. Tiene una connotación triste, pasiva.

Conclusiones

Una primera conclusión, se puede decir, es que todas las lenguas citadas tienen por lo menos una palabra para nombrar a la locura. Pero deben tomarse dos precauciones. La primera es la posibilidad de que los españoles, que escribieron los primeros vocabularios en los siglos XVII y XVIII, hayan establecido alguna similitud entre la palabra castellana “locura” y alguna forma indígena y que ésta no haya tenido una completa correspondencia con ese término, o que haya perdido así el sentido de la lengua original indígena. Un segundo cuidado es que los españoles pudieron interpretar algo como “loco”, cuando para el pueblo local no lo era.
Hechas estas salvedades, la locura en estas distintas lenguas tiene en rasgos generales un sentido activo, de connotación maníaca. La lengua quichua es la que más parece representar las formas activas y pasivas de la locura. Lo cual no implica que en las otras lenguas no esté inducida esta doble presentación de la locura, pero en forma menos aparente.
En la Interzona, los idiomas tienen palabras más excluyentes o cortantes: o son activas o son pasivas. Los idiomas abipón y aymara tienen una connotación activa. Para el idioma de los Lules y Tonocotes es de tono pasivo, melancólico.
Con respecto al idioma quichua puede pensarse lo siguiente: las palabras Chayak puyok vtek son traducidas por el jesuita como “loco lunático”. Si consideramos que Chayak significa también fiesta, podríamos asociar esta locura vtek a una de modo festivo, quizás a esa locura que aparece con los colores brillantes del carnaval pagano. El Chaya Puyok vtek podría ser traducido, entonces, como el “fiestero”.
En relación al idioma Guaraní, se puede remarcar la locura guaraní de Amocañy curupaipe, que puede asociarse al Curupai, especie de algarrobo resinoso que es usado en modo ritual y al que se lo ha asociado con efectos alucinógenos. Con ello se podría asociar al Curupí, mito guaraní de ser fálico que aparece a la siesta, excitado, ante mujeres desprevenidas. Asimismo, se hace presente el vínculo con el “mal de ojo”, creencia que sigue existiendo hoy en día en el noroeste de nuestro país.
Por último, es interesante que en el idioma araucano, el niño, el pene y la locura tienen palabras similares: coñi o cuñi.

Referencias bibliográficas

- Bertonio, L. (1612): Vocabulario de lengua Aymara. Editado en Provincia de Chucuito. Por Francisco Caito. 1612.
- De Augusta, F. (1916): Diccionario araucano-español, español-araucano. Imprenta Universitaria. Santiago de Chile.
- Dobrizhoffer, M. (1784): Historia de Abipones. Facultad de Humanidades. Universidad Nacional del Nordeste, Chaco, 1967.
- Febré, A. (1765): Arte de la lengua general de Chile. Lima.
- Gonzales Holguín, D. (1608): Vocabulario de la lengua general en torno del Alto Perú llamada Lengua Quichua o del Inca. Imprenta de Francisco del Canto. Lima. (La fuente consultada fue la edición del Instituto de Historia de Lima. 1952).
- Machoni de Cerdeña, A. (1732): Arte y vocabulario de lengua Lule y Tonocoté. Herederos de Juan García Infanzón. Madrid.
- Najles, E. (1975): Diccionario Selknam. Instituto de Filología y Lingüística de la Universidad del Salvador. Facultad de Filosofía y Letras. Buenos Aires.
- Pages Larraya, F.; Tomasini, A. (1987): El complejo Vatluxkej de los indígenas del Chaco Boreal. Separata del Suplemento Antropológico de la Universidad Católica. Revista del Centro de Estudios Antropológicos. Vol XXII, N° 2. Diciembre. Páginas 165-180.
- Ruiz, A. (1639): Tesoro de la lengua Guaraní. Editado por Juan Sánchez. Madrid.

Notas

(1) Si se compara a la manía con la melancolía, definidas de un modo antiguo, se podría observar una contraposición. El primer término indicaría cierta tendencia al movimiento, el otro a la inmovilidad. En este trabajo hemos tomamos esos significados para caracterizar a los tipos de locura, en paralelismo con las formas idiomáticas.

4. REFERENCIAS A JESUITAS DE ARGENTINA HECHAS POR DARWIN Y FREUD

Introducción

El presente trabajo tiene por objetivo señalar las referencias hechas por Darwin y Freud a dos jesuitas, que trabajaron en territorio argentino: Thomas Falkner y Martin Dobrizhoffer. Se tomarán sus respectivos trabajos y se hará también un pequeño análisis de estas citas.

Referencias de Charles Darwin a Thomas Falkner y a Martin Dobrizhoffer

La única obra que se puede encontrar disponible de Thomas Falkner, o Falconer, es Descripción de la Patagonia y sus partes contiguas de América del sur. Fue escrita en l774, años después de su exilio de l767, y publicada por entregas en distintas revistas de la época. Otra parte de sus testimonios nos llega a través de Of the Patagonians, que no es de su autoría, sino que es un testimonio de terceros. Se ha dicho que publicó también un tratado acerca de plantas con propiedades curativas de América del Sur, pero este trabajo supuesto de tres tomos se ha perdido en el tiempo. Falkner vivió durante treinta años en territorio argentino y parte de su conocimiento se puede notar en la Descripción...
Charles Darwin hace una referencia a esa obra en el libro sobre sus exploraciones en el Beagle, publicado como Viaje de un naturalista alrededor del mundo. En esta obra, haciendo referencia a sus impresiones acerca del territorio de nuestro país, Darwin mezcla conocimientos personales con citas de Falkner y Martin Dobrizhoffer. Este último era también jesuita pero de origen austríaco y había trabajado en las reducciones de aborígenes del Paraguay Antiguo (Paracuaria). En sus memorias del Beagle, Darwin cita a Falkner del siguiente modo:

“Falconer refiere que a un indio se lo entierra allí donde muere, pero que más tarde, sus allegados acumulan sus huesos con todo cuidado para depositarlos cerca de la orilla del mar, cualquiera que sea la distancia que para eso deban recorrer. A mi juicio, se puede comprender el porqué de esa costumbre si se recuerda que antes de la introducción de los caballos en América, esos indios debían llevar poco más o menos el mismo género de vida que los actuales habitantes de Tierra del Fuego, y, por consiguiente, vivirían por lo regular a orillas del mar. El ordinario prejuicio que hace desear dormir el sueño eterno donde reposan los antepasados, hace que los indios errantes conduzcan aún las partes menos perecederas de sus muertos a sus antiguos cementerios, junto a la costa.” (1)

En este fragmento, Darwin se inspira en Falkner y concluye que los indios patagones habrían sido descendientes de aquellos hombres costeros indígenas que, con la llegada del caballo europeo, pudieron instalarse tierra adentro en el desierto. El fragmento original de la obra de Falkner, desde el cual hace sus conjeturas Darwin, es el siguiente

“La inhumación de los muertos y la veneración supersticiosa con que honran a la memoria de ellos son motivo de ceremonias serias. Cuando fallece algún indio, al punto se selecciona una mujer de las más principales entre ellas, con el objeto de que haga del cadáver un esqueleto, y esto se efectúa de la siguiente manera: empiezan por eliminar los intestinos, que se reducen a cenizas, y después separan las carnes de los huesos con la mayor prolijidad posible; enseguida los entierran en el suelo hasta que acaba de pudrirse todo lo que queda de las carnes, o hasta que llega el momento de trasladarlos (cosa que se ha de hacer antes de cumplirse el año del entierro aquel, cuando no antes de los dos meses) al enterratorio propio de los antepasados.” (2)

Matizadas estas referencias a Falkner, Darwin hace otras a Martin Dobrizhoffer. Una de las más notables habla de las variedades de los avestruces criollos, en dos regiones distintas de Sudamérica. Dice Darwin:

“Dobrizhoffer indicaba hace ya mucho tiempo, la existencia de dos clases de avestruces, dijo, en efecto: Debéis saber, además, que la talla y las costumbres de los emús, difieren en los diferentes lugares del país. Los que habitan en las llanuras de Buenos Aires y Tucumán son más grandes y tienen plumas blancas, negras y grises; los que habitan cerca del estrecho de Magallanes son más pequeños y más bonitos, porque sus plumas blancas tienen el extremo negro y recíprocamente.” (3)

La versión de donde Darwin tomó estos datos de Dobrizhoffer, está indicada al pie de la página: es la versión inglesa de Historia de Abipones. Es probable que haya sido la traducción realizada por Rebecca Coleridge, la hija de Samuel Coleridge, importante autor dentro de lo que se conoció en los países de habla inglesa como los “poetas laquistas”, porque vivían en las inmediaciones de los lagos. Un poeta laquista, Robert Southey, ha dejado un poema basado en los escritos de Dobrizhoffer, se llama “A tale of Paraguay”. La fecha de la traducción de Historia de Abipones al inglés, puede coincidir con la fecha en que Darwin leyó a Dobrizhoffer. El texto original de Dobrizhoffer es el siguiente:

“Casi no hay localidad india alguna donde no se encuentren tales avestruces mansas. En lo demás, sus cualidades y tamaño se diferencian también según la región, como ocurre también en los diversos animales, plantas y árboles. Los de los alrededores de Buenos Aires y de Tucumán son los más grandes, negros y gris cenicientos. Los del Estrecho de Magallanes son menos pesados de cuerpos, pero tanto más hermosos, pues sus plumas níveas tienen puntas negras y las (plumas) negras, blancas. Ellos ornarían insignemente los casquetes y sombreros de los europeos. Los españoles estiman altamente los quitasoles hechos con ellas.” (4)

Quizás esta referencia a Dobrizhoffer pueda ser la misma que la aparecida en el siguiente párrafo de El origen de las especies:

“Las llanuras próximas al estrecho de Magallanes están habitadas por una especie de Rhea (avestruz de América), y, al norte, las llanuras de la Plata, por otra especie del mismo género, y no por un verdadero avestruz o un emú como los que viven en África y Australia a la misma latitud.” (5)

Referencias de Sigmund Freud al misionero Dobrizhoffer

En la obra de Freud titulada Tótem y Tabú, publicada en 1913, se encuentra una mención a Martín Dobrizhoffer, teólogo jesuita austríaco que trabajó en una de las misiones del Chaco. En el siglo XVIII, esta región pertenecía al Paraguay histórico. La obra de Martín Dobrizhoffer quedó reflejada en Historia de Abipones, publicada hacia 1784. Su primera edición, en latín, constaba de tres tomos. Luego fue editada en alemán, inglés y recién en 1968 fue traducida al castellano mediante el impulso del padre Guillermo Furlong. La cita de Freud aparece como ejemplo del tabú de la mención de nombres y se puede leer como sigue:

“La prohibición de pronunciar el nombre del muerto es observada generalmente con extraordinario rigor. Ciertas tribus sudamericanas consideran que el pronunciar el nombre de un difunto ante sus familiares supervivientes es infligirles una grave ofensa y aplican al ofensor una pena no menos rigurosa que la señalada para el asesinato. No es fácil de comprender, a primera vista, la razón de la severidad de tal prohibición, pero los peligros enlazados al acto correlativo han hecho nacer una multitud de expedientes muy interesantes y significativos desde diversos puntos de vista (…) Entre los guaycurúes del Paraguay daba el jefe nombres distintos a todos los miembros de la tribu en estas tristes ocasiones y cada individuo respondía en adelante al que le había correspondido sin vacilación alguna, como si lo hubiese llevado siempre. Cuando el difunto llevaba un nombre idéntico al de un animal o un objeto, alguno de estos pueblos juzgaban necesario dar a dicho animal o dicho objeto otro nuevo, con el fin de que nada pudiese recordarles en la conversación al fallecido. De esta costumbre resultan continuas variaciones del vocabulario, que dificultaban extraordinariamente la labor de los misioneros, sobre todo en aquellos pueblos en los que el tabú de los nombres poseía un carácter permanente. Durante los siete años que el misionero Dobrizhoffer pasó entre los abipones del Uruguay, cambiaron por tres veces los nombres del jaguar, el cocodrilo, las espinas y el sacrificio de los animales. Este horror a pronunciar un nombre que perteneció a un difunto se extiende, como en ondas concéntricas, y hace que se evite hablar de todo aquello en lo que el muerto intervino, proceso de supresión que trae consigo la grave consecuencia de privar de tradición y de recuerdos históricos a estos pueblos, dificultando así enormemente la investigación de su historia primitiva. Algunos han adoptado, sin embargo, costumbres compensadoras. Una de ellas consiste en resucitar los nombres de los muertos después de un largo período de duelo, dándolos a los recién nacidos a los cuales se considera entonces como reencarnaciones de aquellos.” (6)

La indicación de pie de página, nos dice que Freud ha tomado estos datos de la obra de James George Frazer, en particular de The Golden Bough (La Rama Dorada). Por lo tanto Freud no lo ha citado directamente de Dobrizhoffer, al que nombra como “el misionero”. Esta pequeña referencia de Freud nos invita a leer la obra de Frazer. La mención hecha por Freud tiene el mismo estilo y forma que la hecha por Frazer a Dobrizhoffer, a quien también llama “el misionero”. En La Rama Dorada, cuya primera versión en inglés data de 1890, se puede leer lo siguiente:

“Una costumbre similar transforma continuamente el lenguaje de los abipones del Paraguay, entre los que sin embargo, cuando es abolida una palabra, nunca vuelve a ser empleada. Palabras nuevas, dice el misionero Dobrizhoffer, nacen de la noche a la manaña como las setas, pues todas las palabras que recuerdan los nombres de los muertos quedan abolidas por proclamación y circuladas otras nuevas en su lugar. La “fabrica” de las palabras nuevas estaba en manos de las ancianas de la tribu y siempre que se ponía en circulación una nueva palabra con su aprobación, la aceptaban de inmediato altos y bajos, sin murmullo y se extendía como un incendio por los campamentos y establecimientos de la tribu. Cualquiera se quedaría atónito, dice el misionero, al ver con cuánta docilidad dan su aquiescencia todas las tribus a la decisión de una bruja arrugada y como las palabras familiares caen instantáneamente fuera de uso y jamás se las vuelve a repetir a pesar del hábito o del olvido. En los siete años que estuvo entre estos indios Dobrizhoffer, la palabra “jaguar” fue cambiada tres veces y las de “caimán”, “espina” y “matanza del ganado” pasaron por esas vicisitudes aunque en menor escala. Como resultado de este hábito, los vocabularios de los misioneros estaban plagados de tachaduras, teniendo que eliminar de continuo las palabras antiguas como obsoletas y colocar las nuevas en su lugar.” (7)

Al no ser una referencia puntual, existe dificultad para buscar la fuente original de donde se toman estos datos. En las ediciones consultadas no figura qué edición de la obra de Dobrizhoffer fue citada. Revisando la obra de Dobrizhoffer, el pasaje que más se parece a lo mencionado por Frazer (y por lo tanto a la hecha por Freud) es la que se lee a continuación.

“Los abipones realizan los ritos relativos al luto según las costumbres recibidas de sus mayores: así, unas parecen estar destinadas a abolir la memoria de los muertos y otras a perpetuarla. Para este fin, se quema en una hoguera pública cualquier utensilio que perteneciera al muerto. En la misma ceremonia mueren, a excepción de los caballos, todas los pequeños animales domésticos que aquel tuviese en vida. Destruyen y arruinan totalmente las casas que habitó, construidas, no sin esfuerzo con tierra y otros materiales.
La viuda, los hijos y los demás compañeros emigran en busca de nuevos refugios. A menudo deben esconderse en alguna casa ajena, ya que carecen de una propia, cuando no debajo de esteras. Sin embargo prefieren tolerar las inclemencias del tiempo que vivir en una casa cómoda aunque un tanto lúgubre por la muerte del jefe de la familia. Pronunciar el nombre del muerto es un verdadero crimen entre los abipones; este hecho era multado a veces con golpes y graves heridas, y el responsable debía pagar con su propia sangre. Recuerdo que algunas veces los mismos borrachos iniciaban cruentísimas luchas y riñas. Cuando tenían que mencionar a un difunto, decían: El varón que ya no existe: Joale, eknam chiskaeca; usando perífrasis de muchas palabras para no citar su nombre. Y si el nombre derivaba de alguna palabra relacionada a un animal o cualquier cosa, enseguida era suprimido por público pregón y sustituido por otro nuevo, inventado por alguna vieja, tal como ya referí al tratar la lengua de los abipones. Así cada año nacen nuevas voces de los nombres de los mismos indios muertos, como los hongos en una sola noche. En los siete años que viví entre ellos el nombre del tigre cambió tres veces; primero se decía Nibirenak, después Apanigebak, y por último Lapriretrae, que significa manchado, de varios colores. Al español lo llamaban primero kamelk, y ahora Rikil. Al cocodrilo, antes Pecue, y depués Kaeperbak.” (8)

En este pasaje aparecen los datos mencionados por Frazer y Freud sobre los siete años que vivió Dobrizhoffer con los abipones, y el cambio en tres ocasiones del nombre del tigre. Esto nos puede indicar que es, efectivamente, el fragmento que tomó Frazer en su cita.

Conclusiones

Las referencias de Freud y Darwin tienen importancia por distintos motivos. Marcan, de alguna manera, el prestigio que tenían los testimonios de Falkner y Dobrizhoffer para todo tipo de análisis etnográfico. También implican que en estas pequeñas referencias se analicen fenómenos netamente argentinos, por parte de estos dos importantes autores que influyeron en psicología.
Como tema aparte, sería muy interesante saber la fecha en que Darwin leyó la obra de Falkner. Si fue antes o después de su viaje en el Beagle. De ser el contacto anterior, podría haberle dado pistas a Darwin para buscar regiones donde se encuentren importantes registros de fósiles. Falkner expresa como él mismo se encuentra sorprendido al encontrar huesos de animales, de tamaño monstruoso, en unos de sus tantos viajes por la Patagonia. Recordemos que Darwin mismo dijo, en el prólogo de El origen de las especies, que la mayor parte de su obra pudo realizarse gracias a los descubrimientos que hizo en América del Sur. La posibilidad de que haya leído Darwin la obra de Falkner antes de su viaje, explicaría el porqué se mostró tan interesado en revisar y profanar tumbas de Araucanos en su paso por el sur; parte misteriosa y un tanto extraña de su proceder. También podría explicar el hecho de que sólo en la provincia de Buenos Aires ingresó tierra adentro.
En cuanto a la cita de Darwin a Dobrizhoffer, es interesante señalar la comparación entre lo que él ha visto y los testimonios de Dobrizhoffer, con relación al avestruz. Darwin llegó a la conclusión de que existen dos tipos distintos de avestruces criollos, según sean de la Patagonia o del Paraguay antiguo (hoy Chaco Argentino). Tal vez esa comparación fue la que lo llevó a escribir ese párrafo oscuro y sin fuentes de El origen de las especies.
Con respecto a la cita de Freud del misionero Dobrizhoffer, no menciona directamente al mismo, sino que lo hace mediante las referencias de Frazer. La obra citada por ambos autores de Dobrizhoffer es Historia de Abipones. Las menciones de Freud son tan oscuras y difusas como las de Frazer, oscuras en el sentido de que no se encuentran referencias precisas de fuentes. Quizás esto pueda explicar toda una serie de imperfecciones, como el hecho que Freud escriba que los Abipones hayan vivido en el Uruguay. Otra explicación posible es que Freud haya citado a Frazer de memoria, sin consultar directamente la fuente. Si fuera este el caso, la similitud entre las palabras Paraguay y Uruguay habría permitido fácilmente esta confusión u olvido en Freud.
El estilo del texto de Frazer quizás indujo a Freud redactarlo del mismo modo, lo que podría entenderse por el hecho de que Totem y Tabú se basó mucho en La Rama Dorada, como lo prueban sus innumerables citas a ella.
En las referencias entre autores se pierden algunos datos y se añaden otros. Por un lado aparece la palabra Uruguay en el texto de Freud. Por otro se van perdiendo ciertas referencias del texto original de Dobrizhoffer, por ejemplo cuando dice que las palabras nuevas crecen como setas. En el texto de Frazer aparece un insólito dato referido al cambio de un nombre, relacionado con una espina que se ha vuelto tabú. A su vez Freud, con la mención a los Abipones, intenta explicar todo un fenómeno tabú que se extiende en Sudamérica, por eso aparecen también los Guaycurúes de la región del Paraguay. Quizás porque Frazer hace extender también este fenómeno a toda la región, abarcada desde la Bahía de Hudson a la Patagonia
Freud intenta explicar porqué los Abipones se rehúsan a usar el nombre de un muerto. Los datos de Freud son tomados de un apartado del libro de Frazer, llamado “Nombres tabuados de muertos”; esta clasificación de Frazer habría influenciado la delimitación del fenómeno que intenta describir Freud. La imperfección de la cita de Freud no desmerece las conclusiones extraídas, ya que habla de un tabú relacionado con la mención de nombres propios que podría darse en distintas partes de Sudamérica. Los datos de Frazer pueden dar lugar a esta conclusión; él mismo cita otro ejemplo en que los Araucanos se niegan a dar a un extraño su nombre propio. En Historia de Abipones, Dobrizhoffer cuenta cómo esos pobladores no se atreven nunca a pronunciar su nombre, algunas mujeres ni siquiera lo tienen y, además, -como lo comentan Freud y Frazer- no dicen nunca el nombre de un muerto y su pronunciación implica un severo castigo.
La obra de Frazer, además de nombrar a los abipones da ejemplos de la vida de araucanos, lules y tonocotes, guaraníes, guaycurúes y aymaras. Freud, siguiendo sus pasos, habla de los guaycurúes del Paraguay y de los Abipones del Uruguay. Hay que mencionar, asimismo, un reconocimiento de Freud a los misioneros: su tarea implica un serio esfuerzo y muchas complicaciones. Este esfuerzo estaba dado por las diferencias de entendimiento en idiomas distintos y la dificultad de las tribus en confiar intimidades a extraños. Todo ello puede influir en la extracción de informaciones falsas y erróneas. Freud mismo se disculpa ante sus errores por una necesidad de condensar material de distintas fuentes y autores, por ello dice que la bibliografía puede no estar bien detallada.
Por último, es un verdadero lujo el hecho de que Freud, en sus referencias a Dobrizhoffer, esté analizando el fenómeno de la prohibición del nombre del tigre criollo. El tigre criollo, se puede decir, que analiza Freud ha despertado todo tipo de emociones y angustias en los primeros habitantes de la República Argentina. Incluso el mismo Darwin casi muere atacado por un tigre criollo, en sus paseos tierra adentro de la provincia de Buenos Aires.

Referencias bibliográficas

- Dobrizhoffer, M. (1784): Historia de Abipones. Tomo I y II. Facultad de Humanidades. Universidad Nacional del Nordeste. Resistencia, Chaco, 1967.
- Darwin, Ch. (1845): Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Librería el Ateneo. Buenos Aires. 1948.
- Darwin, Ch. (1859): El origen de las especies. Editorial Planeta. 1992. Pág. 476.
- Falkner, T. (1774): Descripción de la Patagonia. Editorial Hachette. Buenos Aires, 1976.
- Frazer, J. (1890): La Rama Dorada. Editorial Fondo de Cultura Económica. México, 1974.
- Freud, S. (1996): Obras completas de Sigmund Freud. Biblioteca Nueva. Madrid.

Notas
(1) Darwin, Ch. (1948) Viaje de un naturalista alrededor del mundo. Librería el Ateneo. Buenos Aires. 1948.
(2) Falkner, T. (1774) Descripción de la Patagonia. Págs. 144 y 145
(3) Darwin, Ch. (1845): Op Cit., Pág. 130.
(4) Dobrizhoffer, M. (1784): Historia de Abipones. Tomo I. Facultad de Humanidades. Universidad Nacional del Nordeste. Resistencia, Chaco. 1967. Págs. 414 y 415.
(5) Darwin, Ch. (1859): El origen de las especies. Editorial Planeta. 1992. Pág. 476.
(6) Freud, S. (1996): Obras completas de Sigmund Freud. Tomo II. Biblioteca Nueva. Madrid. Págs. 1782-1783.
(7) Frazer, J. (1974): La Rama Dorada. Editorial Fondo de Cultura Económica. México. 1974. Pág.302.
(8) Dobrizhoffer, M. (1784): Historia de Abipones. Tomo II. Facultad de Humanidades. Universidad Nacional del Nordeste. Resistencia, Chaco. 1968. Págs. 274-275.

3. DEMONIOS, HUMORES, VAPORES, PASIONES: ESTUDIOS DE PSICOLOGÍA Y PSIQUIATRÍA EN EL PROTOPAÍS ARGENTINO (1536-1827)

Introducción

El presente trabajo tiene el propósito de establecer un relevamiento, de carácter preliminar, relativo a cierta bibliografía histórica sobre psicología y psiquiatría, durante los años del protopaís argentino (1536-1827).
Junto a la cita bibliográfica, se agregan datos históricos que acompañan y enmarcan a la respectiva publicación.
El despliegue histórico obliga también a hablar sobre términos centrales en psicología y psiquiatría. Los más usados en estas disciplinas podría decirse que fueron cuatro: demonios, humores, vapores y pasiones. Por otra parte, en determinados momentos del país los discursos de psicología y psiquiatría se encontraron concentrados en una misma persona.
Asimismo, la organización política del país ha influido en la enseñanza de ambas disciplinas y también en que la psicología y la psiquiatria se juntaran o separaran durante estos tres siglos de formación de la nación argentina.
Se hará también una breve mención al tema de la locura en la historia de nuestro país, tema con el cual la psiquiatría y la psicología se encuentran estrechamente conectados.

Siglo XVI: Posible ingreso de ideas psiquiátricas con los primeros médicos de paso. Clases de psicología escolástica aristotélica en Córdoba. Formas de locura en la Inquisición de Lima (iluminados) y en el Derecho indiano (seres fantásticos o demonios).

Es muy probable que los términos clásicos de psiquiatría, de tradición hipocrática, hayan ingresado con los primeros médicos de paso por las ciudades del protopaís argentino, de los asentamientos que conformarían la futura nación. Es muy probable que los términos psiquiátricos básicos (manía, melancolía, epilepsia, hipocondría) fueran conocidos por los médicos españoles y portugueses, que llegaron desde 1536 en adelante.
En España existía un desarrollo en la materia, con la experiencia de los primeros asilos para dementes, y uno de los médicos más conocidos fue Juan Vives. Vives era médico de origen hebreo sefardí, de amplios conocimientos filosóficos. A tal punto que publicó un libro titulado Tratado del alma, similar en cierto modo al tratado aristotélico De Anima, primer tratado de psicología que se conoce. En el autor se concentraron, de algún modo, la psiquiatría y la psicología escolástica de la época.
Los primeros médicos que estuvieron de paso por Argentina, al ser españoles o portugueses, habrían tenido una formación parecida. Lamentablemente, esto no se puede comprobar al no haberse encontrado obra escrita por parte de ellos. Entre los primeros médicos podemos destacar a Manuel Álvarez, de paso en 1606 en Buenos Aires; Bernardo de Gijón se encontraba en Córdoba por los mismos años y luego fue miembro del Protomedicato de Córdoba y Diego Nuñez da Silva recorrió todas las ciudades de la futura Argentina, hacia fines del siglo XVI.
En la vida de Diego Nuñez da Silva se concentró todo el clima de su época; de origen hebreo sefardí, al igual que Juan Vives, escapó de la Inquisición de España y en su huída pasó por Brasil y luego llegó al protopaís argentino. Viajó por Buenos Aires, La Rioja, Tucumán, hasta que finalmente fue atrapado por la Inquisición de Lima en Córdoba. La Inquisición lo detuvo por su condición hebrea y por difundir la ley de Moisés. Fue encerrado junto a su hijo mayor hacia principios del siglo XVII. Ambos evitaron la muerte en la hoguera negando su condición hebrea, aunque fueron sometidos a muy variados tormentos; lograron escapar, pero en sus cuerpos quedaron los rastros del proceso. El hijo menor Francisco Maldonado da Silva, médico igual que su padre, fue sometido a un proceso similar tres décadas después. Dicho pasaje duró 6 años y en él Francisco sufrió los mismos tormentos que su padre y su hermano. A diferencia de ellos, él no negó su condición judía, por ello fue condenado a la hoguera y murió en el auto de fe celebrado hacia 1639. Antes de morir decidió defender su origen hasta las últimas consecuencias. En señal de protesta hacia la Inquisición, se dejó crecer el cabello y la barba, ayunó durante 80 días, escribió libros en hojas de maíz disecadas para difundir la ley de Moisés y quedó sordo por el hambre. Esto último ocurrió hacia el final de su proceso. Murió en un estado muy frágil y fue quemado en la hoguera ya sordo, junto a sus libros. Su postrer comportamiento ha llevado al psiquiatra e investigador Fernando Pages Larraya a considerarlo una personalidad delirante. Lo cierto es que, por su comportamiento, fue considerado en su momento como un iluminado, un iluminado en su delirio y alguien que murió “en su ley”. La vida de la familia Nuñez da Silva ha sido registrada con detalle, tomando como base los informes de la Inquisición de Lima, en el libro de José Toribio Medina titulado Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima. También dio pie a la investigación que alimentó la novela histórica La gesta del marrano, escrita por Marcos Aguinis.
Los procesos carcelarios de la época implicaban, en su aplicación de tormentos, cierta disposición a la locura. En los procesos del derecho de indias, vigente en la futura Argentina hacia el siglo XVII y en adelante, también quedaron detallados casos donde los procesados se comportaron de modos extraños al español. En Tucumán, hacia 1689, murió la indígena Ana Vira y en 1703 la negra Inés, por la peligrosidad de sus encantamientos o hechicerías. Si bien casi un siglo después, en Santiago del Estero, hacia noviembre de 1761, murieron por la misma causa las indígenas Lorenza y Pancha, quienes en los últimos días de tormentos comenzaron a ver seres de tipo fantástico o demonios, que las ayudaron a no sufrir. En La Rioja, hacia abril de 1771, se registró un procesado que dijo haberse transformado en pájaro.
En lo que se refiere a la enseñanza de la psicología escolástica en el protopaís argentino, hay un escrito del padre Antonio Rubio que fue publicado en Madrid o Valencia en 1613. Llevaba el título De Anima. Esta obra, si bien su autor no estuvo nunca en Córdoba, fue usada en las clases de la universidad ubicada allí durante sus primeros cincuenta años de existencia. Con este libro se enseñaba sobre la psicología escolástica aristotélica. Cabe señalar que, a excepción de ese escrito, no se ha encontrado una publicación de algún autor propio de Córdoba durante los primeros años de dicha universidad.

Primera mitad del Siglo XVIII: Se encuentran los primeros registros en que se habla de términos psiquiátricos. Concentración de la psicología y la psiquiatría en la misma persona. Posible uso de la palabra “vapor” para explicación de términos psiquiátricos. Primer ensayo argentino de psicología escolástica encontrado.

En este período se encuentran ya señales, comprobables, de cómo se trabajaban los términos psiquiátricos a principios del siglo XVIII. En un códice escrito por el padre Pedro de Montenegro, se halla la primera mención a conceptos psiquiátricos en Argentina; esta obra data de 1710. En ella se describen las propiedades curativas de alrededor 250 plantas locales. Entre ellas hay una, la Flor de Eupatorio, que cura la manía; a su vez, la melancolía puede ser curada con la Correguela y el Nardo, y la hipocondría con Tamarindo. Este mismo códice fue publicado por la Biblioteca Nacional de Buenos Aires bajo el nombre de Materia Médica Misionera, en 1945. En un manuscrito atribuido al mismo autor, fechado en 1725, titulado Libro de Cirugía, se puede leer que la manía, la melancolía, la epilepsia y la hipocondría eran explicadas mediante la palabra “humor”.
En este manuscrito se puede leer:
“¿Qué es Humor? Asumo que se causa de las viandas y sosgoviezna por las venas para cebo del calor natural y mantenimiento universal al cuerpo.
¿Y cuántos son los humores? Son cuatro, sangre, cólera, flema y melancolía.
¿Dónde se hacen esos cuatro humores? Todos cuatro se hacen en el hígado puramente, aunque cada uno tiene en el cuerpo parte donde se halla con mayor abundancia.
¿Y qué partes son esas? Para la sangre, el hígado, y venas, para la cólera, la hiel, para la melancolía, el vaso, y para la flema, los sessos y los pechos” (1).
El autor tiene conocimientos de psiquiatría y además una notable capacidad para el dibujo, pero no se sabe si tenía alguna formación en filosofía o en psicología escolástica.
La reunión de psicología y psiquiatría se puede comprobar, por primera vez en la futura Argentina, en la figura del jesuita Tomás Falkner. De una notable formación en matemática (discípulo de Newton), también dictó clases de psicología escolástica en Córdoba, aunque no se sabe si publicó un libro sobre ella. En su obra titulada Descripción de la Patagonia -hacia 1774- se puede comprobar que conocía los términos de la psiquiatría clásica y también los usados por Paracelso, como el “Baile de San Vito”. Aunque no se puede comprobar en sus escritos, es probable que también, al ser discípulo directo de Newton, haya utilizado la palabra “vapor” para explicar los fenómenos atinentes a la psiquiatría.
Esta misma reunión de psiquiatría y psicología se encuentra en Martin Dobrizhoffer, jesuita de origen austríaco. El mismo tuvo una formación teológica y también usó términos psiquiátricos. Asimismo, tomaba referencias a Hipócrates, Galeno y Paracelso. Una nota curiosa sobre este jesuita es que fue citado por Frazer y luego por Freud. Los jesuitas usaban estos términos psiquiátricos y daban enseñanza sobre los mismos.
Otra orden religiosa de importancia a considerar es la bethlemita, especie de desprendimiento de la orden jesuítica de Guatemala, cuya especialidad era la atención en hospitales. Los bethlemitas atendieron las instituciones de Buenos Aires y Córdoba. En el Convento de San Roque, en esa última ciudad, se encuentra un libro de registro titulado Libro de Curaciones de Pobres y gastos de Botica en ellos, con fecha de 1762. En él aparece mencionado el concepto “pasión histérica”. Es un término un poco extraño a la época y aunque se desconoce cuál es su significado, se puede pensar que reúne dentro de sí un término médico y uno filosófico de impronta moderna.
Si retomamos la enseñanza de la psicología escolástica en la Universidad de Córdoba, encontramos un primer ensayo sobre el Tratado del Alma de Aristóteles. El autor fue el padre José Rufo y lleva el título de Philosophiae tripartitae tertia pars comentaria in tres libros de Anima juxtamentem Aristotelis vulgari societe Jesu methodo compectens, 1766. Fue publicado por el Audiente Me joanne Rodriguez Regalis hujus. Según el padre Guillermo Furlong, este códice se encuentra en el Instituto de estudios Americanos de Córdoba.

Segunda mitad del siglo XVIII: Conceptos psiquiátricos explicados con términos de vapores. Psicología escolástica anticartesiana. División de psiquiatría y psicología.

En este lapso, la Psicología Escolástica empieza a tener una tendencia anticartesiana. Esto se puede ver en dos manuscritos escritos por hermanos franciscanos en Buenos Aires. El hermano Anastasio Mariano Suárez, franciscano, compuso dos. Uno de ellos fue titulado como Asserta ex universa philosophia depromta, propugnandaque in hac regia et perilustri Cordubensi Universitate. Fue publicado en 1792, aunque no se sabe por quién, y se encuentra hoy en la biblioteca personal de Antonio Santamaría. Un segundo título suyo es Cursus philosophicus veterum recentiorum que phylosophorum doctrinas complectens, quatuorque contienens partes, logicam, nempe, ethycam, metaphysicam et physicam, etc. Jesus Aguatero. Este título se encuentra en el Convento de Santo Domingo de Buenos Aires y no se sabe la fecha en que fue escrito. Ambos libros hablan de psicología escolástica anticartesiana y en uno de ellos se registra una tesis de psicología
Manuel Suárez fue también franciscano y anticartesiano. Su obra se encuentra en Philosophiae pars quarta vulgo methaphisica elucubrata a patie fratre em manuele de Suarez in Cordubensi Universitate Meudiente Feliciano Rodriguez ajusdem universitatis alumno. Tommus 2 nempi logica.. Se encontraron dos escritos de su doctrina. Uno se encuentra en la biblioteca de Santo Domingo de Buenos Aires. El segundo es un conjunto de conclusiones que defendieron dos de sus alumnos en 1788, en un debate académico. Los escritos tienen una tesis de Psicosofía y, si bien no se conoce la definición de este término, el mismo puede ser buen indicador para inducirnos una idea de ese concepto.
Otro anticartesiano es Melchor Fernández, que redactó dos obras en forma de tesis. Una de ellas es Theses ex universa philosophia. La misma fue defendida por sus alumnos Gregorio García Tagle y Dámaso Antonio Larrañaga, luego ilustres ciudadanos. Otra de sus tesis es Theses ex universa theologia, defendida por Mariano Yrigoyen. De la primera obra hay un solo ejemplar mutilado en Tucumán, en propiedad de la familia Rouges, y está impreso en 1792. En estas dos obras se ve reflejada la enseñanza del autor en sus cátedras. Hace Psicología Escolástica dando, sin embargo, una pequeña concesión a Descartes.
A su vez, Estanislao Zavaleta es otro autor que escribió sobre temáticas psicológicas. Tiene en su acervo el título Institutiones philosophiae universae in gratiam studiosae juventuti regii bonaeropolitani Carolini convito vii elucubrata e a doctore Didaco Stanislao de Zavaleta olimejusdem convictorii alumno, ac nunc in podem philosophiae professore. Pars 4 methaphysicam continens me audiente Joanne josepho Castañer. Es un códice de 456 páginas sin numerar, que se encuentra en el convento de Santo Domingo. Tematiza una psicología escolástica muy ortodoxa, sin concesiones a Descartes, Leibnitz o Malebrance.
Hay un autor de transición que es Pantaleón Rivarola. La transición implica agregar a la psicología escolástica autores de otras disciplinas. Rivarola escribió Tertia philosophiae pars sire methaphysica scholastica methodo in gratiam studentium congesta desparaeqeu semper virgins mariae in alto montis Serratinsi vertice collacatae, ex corde sacrata, dictataque a doctore Pantaleone Ribarole Hoc in regio Santi Caroli Bona Aeropolitano collegio autium cathedre moderatore die vigessima octava mensisi febrauri, anno domini millesimo seeptingentissimo octogessimo primo. Me audiente Josepho Juliano a Guerra. Escrito de 373 páginas, tiene un tratado de psicología. Aquí es novedosa su conceptualización mediante el uso de nociones de la biología del momento: Hooke y Malpighi
En cuanto a la medicina propiamente dicha, desde el Protomedicato de Buenos Aires se encuentran unas pericias en psiquiatría, hechas hacia 1782. El Protomedicato tuvo una influencia inglesa y una enseñanza clínica. Dicha influencia proviene de su principal figura, Miguel Gorman, quien realizó parte de su formación en Inglaterra. El Protomedicato “hacía” psiquiatría, explicando sus términos con la innovación de los vapores, sin dejar la teoría de los humores. Esto se puede leer en la siguiente pericia psiquiátrica escrita por Miguel Gorman en l790: “Porque alterandose mas y mas la funcion de su machina, fueron las digestiones degenerando de dia en dia, y adquiriendo sus jugos una dualidad vapida accido acre, lo inquinaron sus humores, siendo causa que privada su sangre de aquella precisa reparacion a las continuas perdidas que sufre, por la falta de buenos jugos que deben suplirla, se fueron insensiblemente produciendo extasis, obstrucciones y encharques en las glandulas, principalmente del mesenterio, y en todo el bajo vientre maior acromia en sus humores por efecto de hallar en ellas, mayor irritabilidad en sus fibras, y en una palabra el conjunto de acid que experimenta, y hemos expuesto que son los que caracterizan la enfermedad, y lo que produce inmediatamente esta particular degeneración.” (2)
El Protomedicato de Buenos Aires trabajaba en los hospitales administrados por los bethlemitas. No se conoce muy bien, sin embargo, qué tipo de relación mantenían el Protomedicato y dicha orden. Sí se registra un volumen bethlemita, en la Sala de Tesoro de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires, que se titula Libro de gastos general para el hospital de locos y lleva fecha de 1809. Los betlemitas habrían tenido algún tipo de formación médica y filosófica. El Protomedicato de Buenos Aires, aparentemente, sólo tenía conocimientos en medicina.

Siglo XIX: Primera tesis de psiquiatría. La psiquiatría con explicación cartesiana.

La primera tesis de medicina es la de Diego Alcorta. Escrita en 1827 y titulada Disertación sobre la manía aguda, nos permite ver cómo se intentaban explicar mediante la filosofía de las pasiones de Descartes los términos clásicos de psiquiatría. Ello puede constatar en la siguiente cita: “En el tratamiento de ninguna enfermedad tiene el médico tanta necesidad de las luces de la filosofía como en el de la manía. ¡Cuán conocida la influencia de las pasiones y su grado de fuerza al considerarlas como medios curativos! ¡Y cuánto no debe desconfiar de sus propias fuerzas un médico filósofo al observar las infinitas variedades de la sensibilidad individual! Obligado a tratar en enfermos por lo general indóciles, es una prudencia ilustrada la que solamente podía dictar los medios de represión sin exaltarlos, los medios suaves sin manifestarles debilidad: ¡Este tino particular es en lo que estriba la base del tratamiento moral! (3) En la tesis hay una notable ausencia de explicación humoral y de la palabra “vapor”. Conserva Alcorta los términos clásicos de psiquiatría y con ellos el síntoma pródromo de toda enfermedad corporal: la gastroenteritis.
En Diego Alcorta hay un encuentro entre la Psiquiatría y la Filosofía. Al igual que Pinel, quien había escrito su tratado médico filosófico sobre la alienación mental, Alcorta era médico y filósofo. En esta autor se registra el llamado a la rotura de cadenas y el uso del tratamiento moral, acciones impulsadas por Pinel con la ilustración propia de la revolución francesa.

Conclusiones

En un primer momento, en el siglo XVII, es probable que la primera psiquiatría haya llegado con los primeros médicos, de origen español o portugués. En esa época se usaban los conceptos de humores para hablar de psiquiatría, en sus nociones clásicas greco-latinas de manía, melancolía, epilepsia e hipocondría. Paralelamente, la psicología escolástica se enseñaba en la Universidad de Córdoba, con un trabajo del Padre Antonio Rubio.
La locura en el siglo XVII puede encontrarse, además, en los registros de la Inquisición de Lima y en los del Derecho Indiano. Aparecía luego de procesos muy severos, donde se presentaban demonios e iluminados, dos formas distintas para hablar de la locura desde un lugar ajeno a la medicina y la psicología escolástica de ese tiempo.
Quizás como factor a considerar, para el temprano desarrollo de ambas disciplinas en Argentina, se cuente la Inquisición de España como un impulsor principal de la medicina en el protopaís, dado que favoreció la huida de médicos hebreos sefardíes. La psicología escolástica ya se enseñaba en la Universidad de Córdoba en sus primeros cincuenta años, junto con otros cuerpos teóricos. El interés de los habitantes de Córdoba en tener una universidad, habría favorecido este temprano desarrollo.
Es posible pensar que los primeros médicos tenían cierta formación filosófica, si tomamos en cuenta los lugares donde se realizaban sus aprendizajes; aunque ello no se puede comprobar. El uso de las primeras nociones de psiquiatría se encuentra, ya en 1710, en el libro de Pedro Montenegro. La psicología escolástica y la psiquiatría tuvieron un primer encuentro, comprobable, en la figura del jesuita Tomás Falkner. Luego, esta concurrencia de los dos cuerpos teóricos se produjo también en el teólogo Martín Dobrizhoffer. Paralelamente a esta unión, José Rufo compuso el primer tratado argentino sobre De Anima de Aristóteles. Este primer tratado de psicología escolástica tiene fecha de 1766.
La expulsión de los jesuitas hizo que se dividieran nuevamente ambas ramas del conocimiento. Por un lado la Orden Franciscana, en Buenos Aires, publicó toda una serie de tratados sobre psicología escolástica; en principio como una psicología básicamente anticartesiana, que luego fue haciendo concesiones a otros autores. Por otro lado, la rama de la psiquiatría se encontró a cargo del Protomedicato de Buenos Aires, que incorporó la noción de vapor para explicar los conceptos psiquiátricos. Allí puede ubicarse una influencia de la medicina inglesa, a partir de Sydenham y Willis. La psiquiatría tenía un mayor desarrollo que la psicología en el momento de la creación del Virreynato del Río de la Plata, y ello probablemente influyó en la creación del Protomedicato de Buenos Aires.
Por su parte, la figura de Diego Alcorta provocó la conexión de la psiquiatría con Descartes, hasta el momento impedida por la línea franciscana. Esto puede verse en la tesis de Alcorta de 1827. El encuentro duraría muy poco porque, inmediatamente después, la llegada de Rosas a la gobernación de Buenos Aires interrumpió el desarrollo teórico durante aproximadamente veinte años.

Referencias bibliográficas

- Beltrán, J. (1937): Historia del Protomedicato de Buenos Aires. El Ateneo. Buenos Aires.
- Dobrizhoffer, M. (1784): Historia de Abipones. Universidad Nacional del Nordeste. Resistencia, Chaco, 1967.
- Falkner, T. (1774): Descripción de la Patagonia. Editorial Hachette, Buenos Aires, 1976.
- Furlong, G. (1947): Médicos argentinos durante la dominación hispánica. Editorial Huarpe. Buenos Aires.
- Furlong, G. (1952): Nacimiento y desarrollo de la Filosofía en el Río de la Plata (1536-1810). Editorial Kraft, Buenos Aires.
- Furlong, G. (1969): Historia Social y Cultural del Río de la Plata (1536-1810). Tipográfica Editora Argentina (TEA). Buenos Aires.
- Guerrino, A. (1982): La Psiquiatría Argentina. Editorial Cuatro. Buenos Aires.
- Medina, J. (1956): Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima (1569-1820). Fondo Histórico y Bibliográfico J. Medina. Santiago de Chile.
- Montenegro, P. (1710): Materia Médica Misionera. Biblioteca Nacional Argentina. Buenos Aires. 1945.
- Pagés Larraya, F. (1991): Delirium. Documentos para la etnohistoria de crímenes y tormentos de naturales en el Tucumán Colonial. Seminario de Investigación sobre Antropología Psiquiátrica. Buenos Aires. Año 2. Número 7.
- Pagés Larraya, F. (1988): Locura y Hechicería en la Inquisición del Río de la Plata. En Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina. Buenos Aires.

Citas
(1) Furlong, G. (1947): Médicos argentinos durante la dominación hispánica. Editorial Huarpe. Buenos Aires. Pág. 77.
(2) Beltrán, J. (1937) Historia del Protomedicato de Buenos Aires. El Ateneo. Buenos Aires. Pág. 258.
(3) Guerrino, A.(1982) La Psiquiatría Argentina. Editorial Cuatro. Buenos Aires. Pág. 211.

2. LA LOCURA DE LA ÉPOCA DEL VIRREYNATO, ABORDADA DESDE UNIVERSIDADES-HOSPITALES DE ÓRDENES RELIGIOSAS Y DESDE LA MITOLOGÍA POPULAR INDIGENA

Juan Ramón Guardia Lezcano y Rosa Falcone
presentado en el III Encuentro de la Historia de la Psiquiatria, Psicología y Psicoanálisis en San Luis en octubre del 2002
Introducción

El presente trabajo tiene por objetivo señalar cómo la locura, en la época del virreynato, fue abordada desde las creencias de las órdenes religiosas y desde aquellas de los pueblos con su mitología popular. Cabe señalar que la relación entre ambas fue de mutua extrañeza y también conflictiva.
El lugar del estudio de la locura, en la época del virreynato, fue caracterizado por José Ingenieros, Emilio Catalán y Fernando Pages Larraya. En el campo que ellos han estudiado se desarrollará el presente trabajo.

Las posibles formas de la locura en los primeros habitantes de Argentina

Uno de los autores pioneros en relacionar la hechicería con la locura, en tribus argentinas, fue José Ingenieros. En l920 publicó un articulo en la revista La Semana Médica, llamado “Locura y brujería en la Sociedad Colonial”. Allí hace una primera mención de cómo fue la relación entre brujería y hechicería en la República Argentina y cuáles fueron sus particularidades. Este mismo estilo de desarrollo y teorización fue continuado por Emilio Catalán. En l926 publicó “La brujería penada con la hoguera en el Tucumán Colonial”. En ese escrito relacionó la brujería con las creencias de los pueblos locales y la continuación actual de algunas de ellas.
La obra del psiquiatra investigador Fernando Pages Larraya, es la que más ha abarcado el tema de la brujería y la locura en épocas del Virreynato en la Republica Argentina, dedicando una importante parte de su obra en ese tema. Es el investigador que más labor ha desarrollado en este campo, donde se cruzan la psiquiatría y la antropología.
Los trabajos mencionados tematizan cómo las tribus y pueblos locales han abordado la locura desde sus creencias y mitologías.
Se puede reconstruir el tipo de creencias y costumbres que tenían los primeros habitantes de la Argentina, mediante los restos de sus civilizaciones hallados través de la arqueología y la antropología. Los más antiguos vestigios humanos se encuentran dispersos a lo largo de la Cordillera de los Andes. También se encuentran en Córdoba y la Mesopotamia. En estos lugares, los rastros más antiguos pueden ubicarse entre los años 1000 y 750 antes de Cristo; entre ellos se sitúan las pinturas rupestres y distintas formas de alfarería. Una importante pintura rupestre se encuentra en el Cerro Colorado de Córdoba. En esos dibujos aparecen figuras de animales, antropomorfas y también mezclas de ambas. En las figuras hechas en piedra, que se encuentran en la zona de Talampaya, provincia de la Rioja, se observan dibujos de hombres-animales participando, aparentemente, en distintos tipos de rituales. En su inmensa mayoría, los dibujos tratan sobre temáticas rituales y en ellos se pueden distinguir, a veces no sin dificultades, animales y hombres realizando actividades conjuntas. Con ello podemos ver cuán importante eran los rituales y los animales en la vida de los primeros habitantes de esta región. Es posible que esos primeros moradores hayan sentido una gran admiración hacia ciertos tipos de animales. En artesanías de una mayor elaboración, se ve que los animales más representados han sido el tigre americano, la lechuza, y la serpiente, seres particularmente misteriosos o peligrosos. Junto a esos dibujos, se encuentran también los de hombres-animales en posición de ritual.
Al parecer, las primeras creencias deben haber tenido a estos animales como dioses. Los más representados eran los que estaban más cerca, más “a mano”, animales a quienes indudablemente admiraban. Así, en las artes del pueblo Cóndor-Huasi (350-400 D.C.) se pueden encontrar dibujos de sus animales preferidos: la lechuza y el cóndor. Para los mismo años, el pueblo Ciénaga (en La Rioja y Catamarca) compuso figuras cuyo tema central son los jaguares y los pájaros. Un tanto posterior en la historia, el pueblo Aguada o Draconiano (La Rioja, alrededor de los años 650 D.C.) también tiene dibujos de tigres americanos, pájaros y ofidios.
Por regla general, el animal admirado dependía del lugar donde habitaba el pueblo en cuestión. Pero, generalmente, las civilizaciones del norte del país sentían una especial admiración por el tigre americano o jaguar. En los dibujos, podría verse a los hombres en posición de ritual en un cierto estado de excitación. La misma se leería, en otros gráficos, como una de signo sexual, ya que algunos no presentaban vestimenta alguna. En la mayoría de los motivos se hace énfasis en los ojos, que son muy grandes y, en general, de un número mayor de dos. En las actitudes de ritual, se observa que los hombres toman posiciones de animales y están disfrazados de tigres o de pájaros. Es quizás en este particular sistema de creencias de estas civilizaciones, organizadas alrededor de la admiración al tigre, donde debe buscarse el modo de manifestación de la locura.
Estas primeras formas de licantropía, transformación del hombre en animal, han sido tratadas por el mencionado artículo de Ingenieros. Allí habla de cierta forma de transformación del hombre en tigre, que era denominada en lengua aymara como uturunco-runa o runa-uturunco (uturunco: tigre; runa: hombre). En lengua guaraní, esta licantropía es llamada la del hombre-tigre, bajo el título de jaguarete-abá (Abá: hombre; jaguarete; tigre). Es importante mencionar que se han encontrado, entre los utensilios, dispositivos para la ingestión de sustancias alucinógenas y es muy probable que en los rituales se hayan usado dichas sustancias con efecto excitador. Tal vez con ello pueda explicarse que se vea a los hombres, en los dibujos, transformados en tigres, exhibiendo gestos amenazantes y erecciones. En estos rituales donde los hombres tomaban sustancias alucinógenas, es donde podrían aparecer las primeras formas de la “locura” en Argentina, registrada así por los conquistadores. Estas manifestaciones gravitarían alrededor de la licantropía, en tanto habrían conllevado la transformación en el animal más admirado: el tigre.
Los pueblos en territorio argentino fueron independientes hasta la llegada del imperio incaico, tiempo antes de la irrupción española. La llegada de los primeros puede ubicarse entre los siglos XV y XVI.

El encuentro de las creencias de los pueblos locales con las creencias cristianas españolas

El encuentro de las ordenes religiosas con la mitología indígena en el siglo XVII y XVIII, el asombro entre ambas, es constatable en las actas del derecho indiano. En los documentos de los juicios que nos llegaron hasta hoy, se pueden encontrar testimonios de personas que se transforman en pájaro (La Rioja, abril de 177l) y mujeres que ven seres fantásticos y demonios (Santiago del estero, noviembre de 1761).
Puede llamar particularmente la atención el siguiente párrafo, dentro del citado juicio en Santiago del Estero. Allí se registra un interrogatorio a una indígena, mientras se le aplicaba el tormento del ladrillo caliente sobre los pies desnudos: “Y se le fue preguntando como hallándose los pies sobre el ladrillo caldeado no siente el fuego, y tiene frío el pie sobre el ladrillo, responde que aunque siente pero que las criaturas la están refrescando con agua el ladrillo por abajo. Y preguntando que porque causa estando en el tormento dijo que le quitasen el plato que estaba con agua bendita sobre el cepo que queria pasearse, respondió que habiendo venido el demonio dijo ella que quitasen el agua para que dentrase con ella y que se pasease. Y estando en este estado se quedó dormida.” (1)
La idea del demonio en el Tucumán colonial, no era la del cristiano ni la del griego. El demonio era más bien del tipo incaico, especie de duende cuyo principal atributo es la picardía de tipo sexual. Esta presencia de seres fantásticos, demonios, genios o duendes se encuentra en el testimonio dejado por los jesuitas, que trabajaron en reducciones de indígenas. El teólogo austríaco Martín Dobrizhoffer, dice en su libro Historia de Abipones: “Los abipones los llaman (a sus brujos) con el nombre de diablo: keebet, o artífices del diablo; porque creen que habían recibido del espíritu del maligno, al que consideraban su abuelo, el poder realizar actos sobrehumanos. No hay bárbaro que no crea en sus hechiceros que el poder de estos puede acarrearles la muerte y que pueden adoptar formas de tigre (2). Como consideran que la vida es el don mas preciado entre todas las cosas, si uno de ellos muere dicen que fue raptado por el demonio. Los brasileros y guaraníes llaman al demonio Aña o Añanga; sienten hacia este un increíble temor, por sus mil modos de dañar. Los antiguos lo llamaban Cupai, y lo detestaban de tal forma que cuando pronunciaban su nombre solían escupir como muestra de desprecio por considerarlo artífice de toda calamidad” (3). En el pasaje citado se puede encontrar también la licantropía de hombre en tigre, en este caso la transformación se da en la figura del hechicero, de gran importancia para esta tribu.
Dejando las creencias indígenas, desde la enseñanza académica los jesuitas abordaban la locura con el lenguaje propio de su universidad de Córdoba, usando los términos clásicos de manía, melancolía y trastornos nerviosos, propios de la teoría humoral de la personalidad, de Hipócrates. Estos conceptos se encuentran mencionados por primera vez en la obra de Pedro de Montenegro (Materia Médica Misionera, 1710). También aparecen en la obra de un discípulo de Newton que vino a la ciudad de Córdoba, llamado Tomás Falkner. (principalmente en su libro Descripción de la Patagonia, de 1774) y en la obra mencionada de Martín Dobrizhoffer, que dictó clases en la universidad de Córdoba. Los conocimientos de estos tres importantes jesuitas estaban en correlación con la psiquiatría de la época y eran bastante adelantados. Si bien condenaban las creencias en los demonios de los pobladores locales, esta crítica iba un tanto teñida de escepticismo, ya que se pensaba que la brujería era propia de charlatanes.
Esta lucha contra el curanderismo se vio también en Buenos Aires desde el Protomedicato, tribunal habilitador para el ejercicio de la medicina que consideraba el curanderismo de los brujos como un estorbo a los verdaderos médicos. El Protomedicato impulsó un abordaje de la locura desde la psiquiatría, en el siglo XIX, en Buenos Aires, pero desde una nosología de autores ingleses como Sydenham y Willis. Su principal director fue Miguel Gorman, quien habría adquirido esos conocimientos en Inglaterra. Podría decirse que Gorman diseñó una psiquiatría en el Virreynato del Río de la Plata, con autores pre-pinelianos.
En Buenos Aires y Córdoba, la locura fue abordada también por la Orden Bethlemita. Especie de desprendimiento de la Orden Jesuita de Guatemala, tenía un importante desempeño para la época en la administración de hospitales. En Córdoba y Buenos Aires, los bethemitas dieron inicialmente lugar a los locos dentro de estas instituciones. Si bien se puede pensar que aún no se había abandonado el uso de tormentos en los casos más graves, los afectados menos peligrosos ejercían trabajos simples, como los de cocina o la limpieza del mismo edificio. Uno de los primeros asilos que se abrió a los locos fue el Hospital de las Lomas de la Convalescencia, a principios del siglo XIX. Recordemos que en ese solar funcionan actualmente los Hospitales Borda y Moyano, principales neuropsiquiátricos de Buenos Aires. En la ciudad de Córdoba los bethlemitas atendían casos más leves, como las mujeres afectadas por pasiones histéricas o síntomas histéricos, dentro del hospital-convento San Roque.

Mitos actuales de Argentina

Ingenieros habla, en su artículo citado sobre locura y brujería, del mito del Curupí; allí puede leerse que “merece mencionarse la (creencia en) el fabuloso Curupí, ser fálico que suele producir la locura en las mujeres que lo miran. El Curupí es un personaje de cara overa y, para algunos, petizo. Anda por el monte, casi siempre a la hora de la siesta; según otros, camina en cuatro pies y se caracteriza por el exagerado desarrollo de su órgano viril, que le permite enlazar con él a las personas que quiere llevar consigo”. (4)
Otro ser mitológico mencionado en la historia de la psiquiatría es el “duende de la Puna”. Catalán lo nombra -en su mencionado artículo de 1926- y escribe que (…) “tales duendes hacen sus apariciones cubiertas sus grandes cabezas por sombreros de amplias alas que baten ruidosamente al ser sacudidas por el viento, llevando en su boca un carbón encendido, siendo el momento de sus excursiones en las primeras horas de la tarde, en verano, cuando duerme la siesta. Según relaciones populares los duendes estarían dotados de un grande y peligroso erotismo.” (5)
Un muy importante estudio del fenómeno del duende de la siesta, mito extendido desde Jujuy hasta San Juan, ha sido realizado por los investigadores del CONICET María Cristina Bianchetti y Fernando Pages Larraya. En esta investigación llamada El Duende de la Puna, Epidemiología de las alucinaciones colectivas, publicada en 1992, se intenta delimitar el mito del Mikilo riojano, variedad del duende de la Puna que aparece en horas de la siesta.
En un libro del antropólogo Adolfo Colombres, llamado Seres sobrenaturales de la cultura popular Argentina, se puede ver que de los doscientos cincuenta seres mencionados, la inmensa mayoría tiene una gran connotación sexual. Entre los más destacados podemos nombrar al Ukamar Zupai (mito aymara del noroeste del país), un diablo de las peñas que aparece cerca de los lagos y secuestra mujeres para violarlas en las montañas Otro es el Huallapen (de tradición araucana), el cual habita en las cercanías de los lagos y está compuesto por varios animales; anda en cuatro patas, no puede mover las traseras y camina arrastrándose para acoplarse con cualquier animal. También citaremos a Yosi, conjunto de espíritus del bosque muy “sexuales” (de tradición ona) y al Trauco, que intenta llevar a las mujeres para violarlas en la montaña.
Generalmente, dentro de las creencias locales, cuando alguien manifestaba algún tipo de comportamiento propio de la locura, se intentaba explicarlo a través del efecto producido por la visita de estos seres fantásticos o su sola vista.
Es muy llamativo que este tipo de creencia popular en demonios no aparezca en la ciudad de Buenos Aires. En esta localidad los seres fantásticos no aparecen a la siesta, sino a la noche y generalmente en casas deshabitadas y aisladas. Igualmente son seres que se muestran amenazantes. Un ejemplo de ello es el mito del parque Rivadavia. En las noches suele aparecer una mujer decapitada llevando en una mano su cabeza y en la otra una plancha enrojecida. Otro mito estrafalario es el del Chancho de Lata, ser que aparecía por las noches en la calle Agüero de Palermo, provocando sonidos estridentes y mucho ruido a metal.

Algunas conclusiones

La locura en la historia de Argentina en un primer momento, antes de la llegada de los españoles, quizás estuvo signada por los fenómenos de la licantropía; estos se habrían dado en los ritos y esta transformación del hombre en animal aparecía con una gran excitación sexual y mediada por el uso de alucinógenos. Generalmente, la licantropía se refería a la transformación del hombre en tigre. Dichos elementos podrían situarse en los pueblos argentinos independientes, durante el primer milenio después de Cristo, antes de la llegada de los incas.
En un segundo momento, la locura podría relacionarse a la presencia de seres fantásticos que aparecen sin ningún ritual de por medio. Podría establecerse que estos seres fantásticos aparecerían durante la dominación incaica y serían anteriores a la española. Se podría afirmar que no son de influencia española, dado que los conquistadores europeos combatían tales ideas; ello puede rastrearse, también, porque la creencia en demonios es condenada por el derecho indiano y por los jesuitas. Por otra parte, sus nombres originales provienen de lenguas indígenas, no europeas. De este modo, la creencia en los demonios habría sido de origen incaico, porque en los pueblos argentinos más antiguos no existía esa creencia. Esto puede verse en el hecho de que el duende de la siesta, de actual vigencia, es un fenómeno que se extiende en los lugares de dominación incaica, desde San Juan hacia el norte. Los guaraníes y los araucanos tienen una versión parecida, quizás influida por los incas. Al momento de la llegada de los españoles convivían en los pueblos de Argentina dos creencias: en los hombres-animales (tigres) y en seres fantásticos o demonios.
Un tercer momento sería el de la llegada de los españoles. Ahora la locura, además de estar en la creencia de los hombres-animales y demonios, es abordada desde la nosología médica traída por los jesuitas en el siglo XVIII. La nosología médica se complejiza con las innovaciones del Protomedicato de Buenos Aires, para tratar a la locura en el siglo XIX. La concepción popular de la locura en la actualidad, fuera de un discurso medico o filosófico, y herederos de una pura tradición criolla, está dada por la visita de los seres que aparecen a la siesta. En algunos pueblos se sigue manteniendo una tradición, en la cual la locura es explicada mediante la presencia de un ser fantástico. En Buenos Aires, ellos no aparecen a la siesta sino de noche, pero al ser un fenómeno tan particular necesita tener en cuenta otras consideraciones, por ejemplo la influencia de mitos europeos.
En resumidas cuentas, la locura ha sido explicada en la historia argentina desde los mitos populares y desde una tradición europea, que tuvo su origen en las órdenes religiosas. Ambas mantuvieron una relación de extrañeza, que aún sigue estando presente.

Referencias Bibliográficas

- Beltrán, J. (1937): Historia del Protomedicato de Buenos Aires. El Ateneo, Buenos Aires.
- Bianchetti, C.; Fontino, F. y Pages Larraya, F. (1992): El duende de la Puna. Epidemiología de las alucinaciones colectivas. En Seminario de Investigación sobre Antropología Psiquiátrica y Psicológica de América Latina. Buenos Aires.
- Catalán, E. (1926): La brujería penada con la hoguera en el Tucumán colonial. Revista de filosofía. Año XII, Nro. 3.
- Colombres, A.. (1984): Seres sobrenaturales de la cultura popular argentina. Biblioteca de Cultura Popular, Ediciones del Sol.
- Dobrizhoffer, M. (1784): Historia de Abipones. Universidad Nacional del Nordeste, Chaco, 1967.
- Falkner, T. (1774): Descripción de la Patagonia. Editorial Hachette. Buenos Aires, 1976.
- Ingenieros, J. (1920): Locura y Brujería en la sociedad Colonial. Revista La Semana Médica, Febrero, Buenos Aires.
- Montenegro, P. (1710): Materia Médica misionera. Biblioteca Nacional Argentina. Buenos Aires,1945.
- Pages Larraya, F. (1991): Delirium. Documentos para la etnohistoria de crímenes y tormentos de naturales en el Tucumán Colonial. En Seminario de Investigación sobre Antropología Psiquiátrica y Psicológica de América Latina. Buenos Aires.
- Soulet, J. (2000): Argentina: Sus mitos y leyendas. Colección Diversus. Ediciones La Nave.

Citas

(1) Pages Larraya, F. (1991): Delirium. Documentos para la etnohistoria de crímenes y tormentos de naturales en el Tucumán Colonial. En Seminario de Investigación sobre Antropología Psiquiátrica y Psicológica de América Latina. Buenos Aires. Pág. 66.
(2) Dobrizhoffer, M. (1784): Historia de Abipones. Universidad Nacional del Nordeste, Chaco,1967. Tomo II, Pág. 78.
(3) Dobrizhoffer, M. (1784): Op. Cit. Tomo II. Pág. 95.
(4) Ingenieros, J. (1920): Locura y Brujería en la sociedad Colonial. En revista La Semana Médica, Febrero, Buenos Aires. Pág. 224.
(5) Catalán, E. (1926): La brujería penada con la hoguera en el Tucumán colonial. En Revista de filosofía. Año XII, Nro. 3. Pág. 443.

jueves, 6 de septiembre de 2007

1. CASOS DE LOCURA EN LOS TIEMPOS DEL VIRREYNATO

Introducción

El propósito del trabajo fue encontrar puntualmente casos de locura en la época del virreynato -con nombres y apellidos determinados- y, en lo posible, también el lugar donde vivieron éstas personas. A partir de los datos obtenidos se ha hecho un mínimo de teoría, con la cual podemos referirnos a cómo era el abordaje de la locura en la época del virreynato, en el territorio de la actual Argentina. Las ciudades más importantes a considerar son Tucumán, Córdoba y Buenos Aires.

Tucumán en el siglo XVII

Uno de los primeros casos en la época del virreynato fue el de Francisco Maldonado da Silva. Su padre se llamó Diego Nuñez da Silva y llegó a las ciudades argentinas escapando del tribunal de la inquisición de España. Se instaló en Tucumán hacia finales del siglo XVI. Finalmente lo encarceló la Inquisición de Lima, perseguidora de judíos conversos al cristianismo y que muchas veces se quedó con su dinero. También se encarceló a uno de sus hijos, Diego Maldonado da Silva, hermano de Francisco. Fueron salvados de la hoguera por negar todo tipo de relación con el judaísmo, pero no escaparía Francisco. Su juicio duró seis años y en ellos el acusado se dejó crecer el cabello y la barba, cambió su nombre por uno de estilo mesiánico -Heli Nazareno- y mantuvo un ayuno que se prolongó durante 80 días a modo de protesta. Este ayuno lo dejó sordo e inmóvil en su cama. Los registros de la Inquisición de Lima dejaron la siguiente descripción hacia el año 1639: “Dejóse crecer barba y cabello, como los nazarenos, y se mudó el nombre de Francisco Maldonado de Silva en el de Heli Nazareo, y cuando firmaba usaba dél diciendo, Heli Nazareo, indigno siervo del Dios de Israel, alias Silva. Ayunó en las cárceles largos y penosos ayunos, y uno por espacio de ochenta días continuos, comiendo unas mazamorras que hacía de maíz en poquísima cantidad, y estuvo a la muerte y muchos meses en la cama, de que se le hicieron llagas en las asentaderas. (...) Permitió Dios que estuviese ya sordo al principio de las prisiones desta complicidad y que no entendiese cosa della, porque a saber que había presos tantos judíos hubiera hecho diabluras por fortalecerlos, según el celo que tuvo por su ley. Fue relajado a la justicia y brazo seglar, con confiscación de bienes, y quemado vivo”. (1) Esta descripción hecha por la Inquisición fue estudiada por el investigador del CONICET, Fernando Pages Larraya, quien mediante esta detallada descripción ha considerado que Francisco Maldonado Da Silva tuvo una especie de delirio mesiánico, al hacerse pasar por un profeta judío. Murió en la hoguera en 1639, pero sin renegar de su origen judío. Es el único proceso de la Inquisición, iniciado en la Argentina, donde se puede sospechar que una persona con trastornos mentales fue quemada en la hoguera.
Dejando los tribunales de la Inquisición de Lima, el Cabildo de Tucumán también se involucró en varias muertes, donde se sospecha el trastorno mental de las víctimas. En Tucumán, a fines del siglo XVII, se produjo toda una serie de juicios civiles donde se acusó de muerte por encantamiento a distintas personas; los acusados no eran españoles sino generalmente negros o indígenas. En su mayoría eran mujeres. La locura y la brujería fueron relacionadas de distintas formas según el momento histórico. Se acusó de encantamientos a las indígenas Ana Vira (juicio de 1689), Negra Inés (juicio de 1703) y a la India Ana (juicio de 1721). Los tormentos aplicados para la obtención de confesiones, propios del Derecho de Indias, provocaron la muerte de Ana Vira y de la Negra Inés. Cabe aclarar que en estos juicios se hablaba de fenómenos propios de encantamiento y también aparecían otros como la visión de seres fantásticos, demonios, genios o duendes. Estas visiones eran algo completamente condenado por el Derecho de Indias, en el cual la religión cristiana tenía importante peso.
Los juicios civiles de Tucumán dejaron como saldo muchas más muertes que la misma Inquisición.

Córdoba en el siglo XVIII

Ya en el siglo XVIII, la locura empezó a dejar sus primeros registros dentro del ámbito de la medicina. Esto se fue así especialmente en la ciudad de Córdoba, donde se produjo una renovación teórica desde la universidad de la orden jesuita y otra a nivel asistencial, en hospitales públicos a cargo de la Orden Bethlemita. En la universidad encontramos los primeros escritos que hablan de manía, melancolía y trastornos nerviosos. En un principio hay que nombrar la obra de Pedro Montenegro, cirujano y médico que escribió, hacia 1710, un códice conocido actualmente como Materia médica misionera. El mismo es un inventario de alrededor de 250 plantas locales y se puede encontrar referencias a plantas con propiedades para curar la manía (Flor de Eupatorio), la melancolía (Correguela y Nardo) y la hipocondría (Tamarindo). Un segundo nombre importante es el de Thomas Falkner o Tomás Falconer (2), que era un matemático y físico, discípulo directo de Newton. Su obra Descripción de la Patagonia, escrita en 1774 en Inglaterra, relaciona la locura con la brujería, la epilepsia y la confusión sexual de los brujos. Un tercer nombre importante es el del teólogo austríaco Martín Dobrizhoffer. (2) En su obra Historia de Abipones, escrita en Austria hacia 1784, describe rituales de contención para una particular especie de locura de los indígenas Abipones del Chaco. Relata el caso de una familia, donde luego de morir la madre muere su hija de melancolía y el hermano fallece luego con un fuerte delirio. Esta obra es citada por Freud en Tótem y tabú.
Estos brillantes aportes se ven interrumpidos al ser expulsada la orden de sus misiones, en 1767, por mandato real de España.
En el nivel asistencial -de los hospitales-, es destacable también en Córdoba la obra de la Orden Betlehemita, que trabajaba en el hospital-convento de San Roque (en esa época era común que los hospitales fueran conventos). En los registros de esta orden hay dos casos hacia 1762. Uno de ellos es una mujer pariente del doctor Urtubey, que padecía de pasión histérica; otra paciente es una novicia que sufría un síntoma histérico.
Si bien no se había dejado por completo el uso de tormentos, la locura empezaba a tener ya tratamientos a base de hierbas y asistencia hospitalaria.

Buenos Aires hacia fines del siglo XVIII

Hacia finales del siglo XVIII, la locura en Buenos Aires tenía dos vertientes para su abordaje. Una provenía de los bethlemitas y la otra del Protomedicato de Buenos Aires. Los primeros trabajaban en los conventos-hospitales de Buenos Aires desde el año 1750. Se trataba del hospital Santa Catalina, el de la Residencia o de Belén y el hospital de las Lomas de la Convalescencia. En el hospital de la Residencia se encuentra registrado, desde 1818, el nombre de José Caymon, calificado de “dementado”. También estuvo internada en ese hospital convento, hacia 1803, una mujer llamada María, sin apellido. En el hospital de Santa Catalina se encuentra anotado el caso de Vicenta Alvarez, en el año 1822. Finalmente, cabe señalar que el establecimiento de las Lomas de la Convalescencia era llamado “hospital de locos, incurables y contagiosos”. Si bien no se han encontrado nombres precisos de pacientes internados por demencia, un dato importante sobre este hospital -para locos- es que funcionó en el mismo lugar donde hoy se encuentran los hospitales Borda y Moyano.
La locura en Buenos Aires fue abordada, como mencionáramos, también por el Protomedicato de Buenos Aires, un tribunal encargado de otorgar el permiso o licencia para ejercer la medicina. Se han encontrado dos pericias, en las que se diagnostica bajo una nosología “psiquiátrica” (3) de la época. Una corresponde a la realizada sobre María Rafaela de la Moneda. En 1782, se la diagnosticó como un cuadro de manía alternada con melancolía. Se le encontró como causa principal a su afección la ausencia de su marido. En esta pericia se puede leer lo siguiente: “Certificamos que a poco de haber hecho ausencia de esta ciudad, en el año 1779, don Fermín de Noir, oficial real de la Villa de Potosi, fuimos llamados juntos por doña Maria Rafaela de la Moneda, su esposa, a lo que hallamos con los pulsos tardos y pequeños, respiración algo anhelosa, el semblante alterado, quejándose de una pervigilia continua, inapetencia y eritemas, opresión en los precordios y un terror pánico errático(...) degenerando en una melancolía confirmada, y de ésta, en manía, unas veces demens, y con más frecuenica, furens. Hechos cargos en la continua asistencia de la enferma (...) todo su delirio y perturbación eran acordarse de su marido, ya como presente, ya como ausente, ya muerto, y que lo mataban a su vista; juzgamos y asentamos unánimes, prescindiendo de las causas predisponentes, que la excitante de su enfermedad dimanó de la ausencia de su marido y sin que para su curación fuese de algún alivio su venida el año pasado de 1781”. (4)
Otra de las pericias encontradas le fue realizada a Seneximo Bnor. En 1790 se lo diagnosticó con una afección hipocondríaca. Se le recomendó para su cura una nueva dieta en comidas, para cambiar sus trastornos gástricos, y un cambio de residencia a un lugar alejado de la ciudad. En esta pericia se lee: “Sobre la naturaleza de la enfermedad de D. Dph. Seneximo Bnor, Gral. de la R.ta de Tabacos de Chile (...) hallamos un conjunto de simpthomas que forman, y caracterizan un verd.o af.to hipocondriaco (...) Los A. A. q.e han escrito de la materia varian en sus dictamenes, q.do se trata de las causas inmediatas de esta enfermedad. Sydenham decia consistir en Ataxia o confusion de los espiritus animales: El erudito Higmor asegura, que provienen de desarreglo en las funcion. digestivas. Mandeville las atribuie a una chilificacion mal elaborada. Boherhave al humor atrabiliario fixo en el Pancreas, Vaso, Esthomago y partes adjacentes. M.r Pommé al espasmo, eretismo y crispatura del sistema nervioso. El D.or Cheine, Hoofman, Willis y otros son de otro sentir (...) Sentamos, q.e su temperam.to es de los propicios; es de la clase de los biliosos, de una fibra fina, sensible, e irritable, reacciones prontas, de una imaginacion viva, a los que se agrega, que sus primeros padecim.tos fueron exitados por dos concausas muy poderosas q.e unidas a las predisponentes, a su particular constitucion no pudieron dexar de causar esos efectos.” (5) Las dos pericias citadas fueron realizadas por el protomédico Miguel Gorman, máxima figura de la medicina en esos años.
Es importante remarcar que el Protomedicato y la orden bethlemita mantenían su función en los mismos conventos hospitales. El Protomedicato ejercía, en esos lugares, las prácticas para los futuros cirujanos y médicos de Buenos Aires. Pero las dos agrupaciones apuntaban a distintos intereses. En 1822, los primeros médicos argentinos rescataron de los grilletes y tormentos del hospital de Santa Catalina, a la monja Vicenta Alvarez. Los jóvenes médicos le realizaron una pericia: “Que la precipitada religiosa padece una mania periodica con delirios en cuyos intervalos, que son irregulares y mas o menos largos, vuelve a gozar del uso de su razon, quedando solamente en estado exaltado de su sensibilidad, que se deja notar por una suceptibilidad extrema de las impresiones de todo genero y una locuacidad que no es propia de las personas del claustro (...) En una epoca en que se han hecho tantas y tan bellas aplicaciones de la metafisica a la medicina, y en que las enfermedades del espiritu se han estudiado filosoficamente, casi del mismo modo que las del cuerpo, es por demas decir que la razon y la experiencia conspiran a señalar el unico tratamiento capaz de curar a la enferma de que se trata, o al menos de evitar que los ataques, disminuyendo progresivamente sus intervalos, hagan presentarse la mania bajo la forma de continua; tal es el tratamiento moral. Si este debe siempre establecerse aun cuando la mania es producida por causas fisicas, debe adoptarse con preferencia cuando ella es el efecto puramente de morales. Satisfacer sus deseos debe ser la primera indicacion, y la exclaustracion que, como hemos dicho anteriormente, es el objeto de ellos, es el primero y unico medio de llenarla. Además, en sus ataques de mania ha sufrido en el convento tratamientos duros y violentos: a los medios de dulzura, benevolencia y amistad que demanda estos casos una medicina esclarecida, se ha substituido la esperanza, las represiones prolongadas, la carcel, el cepo, etc.” (6) En la exclaustración de la monja, se puede ver cómo la medicina y la orden bethlemita apuntaban a propósitos distintos y también se puede ver uno de los primeros índices de la influencia de la obra de Pinel en Argentina (tratamiento moral). Se trata de un paso previo a la tesis de Diego Alcorta, donde se puede leer claramente cómo la obra de Pinel estaba ya instalada en la psiquiatría argentina.

Conclusiones

Con la mención de estos casos de locura de tiempo del virreynato, se puede pensar que en un primer momento la locura estuvo relacionada al ámbito de la Inquisición y el Derecho Indiano, en Tucumán en el siglo XVII. En la ciudad de Córdoba, en el siglo XVIII, la renovación con un lenguaje propio de la medicina permitió el ingreso de un tratamiento a base de hierbas y una asistencia hospitalaria. Se puede hablar ya de una cura y se va dejando paulatinamente el uso de tormentos. En Buenos Aires, entrado ya el siglo XIX, el abordaje de la locura va asimilando el lenguaje propio de la psiquiatría, primero basado en una nosología psiquiátrica de Sydenham y Willis y luego adoptando la obra de Pinel. Con la entrada de estos autores se abandonaron todo tipo de tormentos. Estos aportes se verán detenidos por veinte años, durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas en Buenos Aires.
Otra consideración importante sobre la locura, es la organización política de las ciudades del virreynato. Tanto es así que los primeros casos relacionados con la locura se encontraron en la ciudad de Tucumán, más cercana a Lima. Hay que recordar que hasta 1778 las ciudades argentinas dependían del Virreynato del Perú, lo cual dejaba a Tucumán en una cercanía de privilegio. La presencia en Córdoba de una universidad, permitió el ingreso de hombres de importante formación en ciencia, tales como Pedro de Montenegro, Tomás Falconer y Martín Dobrizhoffer. Los mismos posibilitaron una renovación en el abordaje de la locura y la investigación sobre plantas locales, entre las cuales se encontraron algunas útiles para tratamientos de la locura. La expulsión de los jesuitas dejó un terreno que fue ocupado por la orden betlemita. Si bien la presencia de tormentos era común en esta orden, en sus hospitales se forma un primer dispositivo para el abordaje con las precariedades del momento. El uso de conceptos como “pasión histérica” está hablando, ya entonces, de que la locura va adquiriendo un lenguaje propio de la medicina. La expulsión de los jesuitas dejó detenido el desarrollo de estas conceptualizaciones en Córdoba, tomando su puesto la ciudad de Buenos Aires. La creación del Virreynato del Río de la Plata, hacia 1778, impulsó un mayor crecimiento de su ciudad capital; también un mayor desarrollo de la asistencia pública en hospitales y la creación del Protomedicato de Buenos Aires. Estos factores llevaron a la introducción de autores propios de la psiquiatría y en particular de la obra de Pinel. Los sucesos de la organización de la Argentina y del gobierno de Rosas, causaron la detención de estos aportes durante casi veinte años.

Referencias bibliográficas

- Beltrán, J. (1937): Historia del Protomedicato de Buenos Aires. El Ateneo. Buenos Aires.
- Dobrizhoffer, M. (1784): Historia de Abipones. Publicado por la Universidad Nacional del Nordeste. Resistencia, Chaco,1967.
- Corbiere, E. (1944-46): La exclaustración de la monja Sor Vicenta Alvarez. En Archivos Argentinos de Historia de la Medicina. Buenos Aires.
- Falkner, T. (1774): Descripción de la Patagonia. Editorial Hachette, 1976. Buenos Aires
- Furlong, G. (1969): Historia Social y Cultural del Rio de la Plata (1536-1810). Tipográfica Editora Argentina (TEA). Buenos Aires.
- Guerrino, A. (1982): La Psiquiatría Argentina. Editorial Cuatro. Buenos Aires.
- Ingenieros, J. (1920): Locura y brujería en la sociedad colonial. Revista La Semana Médica. Primer semestre.
- Medina, J. (1956): Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima (1569-1820). Fondo Histórico y Bibliográfico J. Medina. Santiago de Chile.
- Montenegro, P. (1710) Materia Médica Misionera. Biblioteca Nacional Argentina, 1945, Buenos Aires.
- Pagés Larraya, F. (1991) Delirium. Documentos para la etnohistoria de crímenes y tormentos de naturales en el Tucumán Colonial. En Seminario de Investigación sobre Antropología Psiquiátrica. Buenos Aires. 1991. Año 2. Número 7.
- Pagés Larraya, F. (1988) Locura y Hechicería en la Inquisición del Río de la Plata. En Acta Psiquiátrica y Psicológica de América Latina. Buenos Aires.

Notas

(1) Medina, J. (1956): Historia del Tribunal de la Inquisición de Lima (1569-1820). Fondo Histórico y Bibliográfico J. Medina. 1956. Santiago de Chile. Tomo I. Págs. 131-132.
(2) Hemos incluido ciertos aspectos biográficos de los autores Thomas Falkner y Martin Dobrizhoffer, que aparecerán mencionados en diversos trabajos de esta publicación, en el Anexo A: “Notas biográficas”.
(3) En los trabajos de la presente compilación, se usa el término “psiquiatría” para hacer referencia a ciertas nociones -y clasificaciones- utilizadas por el ámbito médico para el abordaje de la locura y los estados conexos. En ese sentido los conceptos como “manía”, “melancolía” y “epilepsia”, entre otros, fueron elaborados desde los inicios mismos de la medicina en occidente (Vb. Hipócrates). Sobre los orígenes de las prácticas psiquiátricas pueden consultarse las obras de Edwin Ackernet o Paul Bercherie, en las cuales se establece que esa disciplina habría nacido en el período iluminista, ya dentro de la Modernidad.
Del mismo modo, se hace uso del término “psicología” en un sentido general, para establecer referencias a los estudios filosóficos sobre diversos estados mentales. Ellos tienen una historia de siglos, que precede a la constitución de la psicología como disciplina independiente.
(4) Guerrino, A. (1982): La Psiquiatría Argentina. Editorial Cuatro. Buenos Aires. Págs. 23-25.
(5) Beltrán, J. (1937): Historia del Protomedicato de Buenos Aires. El Ateneo. Buenos Aires. Págs. 255-261.
(6) Corbiere, E. (1944-46): La exclaustración de la monja sor Vicenta Alvarez. En Archivos argentinos de historia de la medicina (1944-46). Buenos Aires. Págs. 109-113.