viernes, 16 de febrero de 2018

Viñeta clínica 1: Guillermina de Oliveira Cézar (de Wilde)



Hay mucha mitología sobre la historia de Guillermina, con el paisaje de Tucumán de trasfondo, muchos de los que participan de esta historia fueron tucumanos. Llegué a su nombre leyendo a Felix Luna, quien ha basado una historia con el chisme de un doctor. Según este testimonio fue atendida por Charcot en Francia. Con ello se suma a la lista de pacientes argentinos atendidos por médicos psiquiatras célebres, acá se incluye a Cornelia Zubiaurre atendida por el dr Janet. Luna escribió en extenso sobre Roca, y en particular le interesó su amante rusa. Guillermina fue mujer de Eduardo Wilde. Dice Felix Luna en un capítulo de su novela “soy Roca”.

“Parece que su mujer (de Wilde) contaba con su gracia un poco cínica. Parece que su mujer empezó a sufrir sofocones y repentinas vehemencias que alteraban su temperamento. Entonces Wilde decidió consultar a quien era el maestro de los maestros de París, el célebre doctor Charcot. El sabio examinó cuidadosamente a la enferma, y después de terminar su tarea, llamó a Wilde y profirió su diagnóstico magistral:
- Monsieur, il faut marier votre fille…
Cuando los Wilde reaparecieron en Bs As, quedé sorprendido por la transformación de Guillermina.” (299). Soy Roca. edit sudamericana.(1989).1990

¿Quién la trata es el Charcot mismo o su hijo (que luego pasa cerca de Argentina)?¿Trató el hijo de Charcot a Guillermina en su visita a Argentina?¿Porque Charcot dice que debe casar a su hija? ¿Habrá supuesto que es su hija y no su pareja? Igual parece ser que la diagnostica como un caso de histeria. Esto debe ser luego del viaje del matrimonio a Europa.

Charcot y la Argentina
Hay noticias de la visita del hijo del doctor Charcot, en el buque "Pourquoi Pas?", a la Argentina en 1908. Hay un informe de la revista de Caras y Caretas, donde se ve el barco anclado (Caras y Caretas del 19 de septiembre de 1908)  El "Pourquoi Pas?" llega a Buenos Aires en una misión científica. El  Dr. Charcot luego vende el Velero "Francaise" a la Armada Argentina. Quizás venga este barco, porque en el Octavo Congreso Internacional de Geografía de Bélgica están por Argentina los Drs. Wilde y Otto Nordenskjold y el Teniente de Fragata Argentino Dn. Otto Maveroff.     




Guillermina de Oliveira César
Fue una mujer admirada, codiciada y discutida en el Buenos Aires de su época. Es una de los 15 hijos de Ramón y de Ángela Diana y Goyechea, considerable terrateniente con estancia próxima al Tigre. Ella era la hermana de Ángela Oliveira Cézar, mujer única en su época por lograr emplazar el Cristo Redentor en medio de los Andes y del escritor y político Filiberto de Oliveira Cézar. Pertenece a una buena familia,  pasa sus veranos en el Tigre con muchos hermanos y el padre piensa que Guillermina no está preparada para nada, ni siquiera para amenizar una tarde entre amigos tocando el piano.
Guillermina estudió en el Colegio Americano de la calle Reconquista 4 conducido por Mary Elizabeth Conway, una de las maestras que trajo Sarmiento de los Estados Unidos. Los Zapiola, los Ortiz Basualdo, los Martínez de Hoz mandaban allí a sus niñas.
Tenía 15 años cuando se casó con Eduardo Wilde, él tenia 41. Guillermina nunca tuvo hijos. Eduardo Wilde era, por entonces, ministro de Justicia, Culto e Instrucción.


El doctor Eduardo Wilde, que es el de la estación de trenes, tenía cara de vikingo, con bigote y barba, rudo, ya había enviudado, y Oliveira César, uno de sus pacientes, le dijo: ‘¿por qué no se casa con una de mis hijas?’. A él le pareció bien la idea, se casaron.
Eduardo estaba encantado con la niña. Tanto que -según la catoliquísima Isabel Molina Pico- llevaba a sus compañeros de brandy y cigarros a mirar cómo dormía, como un ángel. Quién sabe si Roca fue uno de los aventurados que caminó el dormitorio matrimonial de puntillas.
El presidente de la República, Julio Argentino Roca, fue el padrino de la ceremonia. El caso es que no le prestó demasiada atención a la adolescente. Con el tiempo, Guillermina –que primero iba al teatro Colón y se embadurnaba los dedos con chocolate porque era muy infantil- empezó a crecer y desarrollarse, y entonces el gran amigo de Wilde, Julio Argentino Roca, murió de amor por ella. Guillermina cumplió los veinticinco. Roca no necesitó forzar límites, ella no los puso. Tampoco su amigo Eduardo, al parecer. La relación, no tan clandestina, duró varios años. El trío era la comidilla del tout Buenos Aires.




Los esposos se van a Bruselas, fin de las habladurías, ¿renuncia al amor de Guillermina? Hay un reencuentro pasional en Buenos Aires, cuando Guillermina viaja sola al entierro de su padre; a partir de ese momento, nuevamente la separación, Guillermina regresa a Bruselas.
Cuatro años más tarde, Wilde muere en Bruselas; las malas lenguas dan por sentado que Guillermina viajará a reunirse con su gran amor, sin embargo, ella no está dispuesta a aceptar el escarnio social, conociendo como conoce las habladurías que esa relación había desatado en la sociedad porteña.
Guillermina, tal como lo preveía Eduardo, puede vivir sola, a pesar del terrible momento por el que atraviesa Europa en plena guerra mundial, guerra desatada por intereses espurios entre las grandes potencias. Actúa en la Cruz Roja en Bélgica y es condecorada por su labor en Francia.


Cuando regresa a la Argentina, en 1920, muchas cosas han pasado; Julio Argentino Roca ha muerto en 1914 y había compartido sus últimos años con la rumana Hellene Gorjan, en su estancia La Larga.
Se interesó por la asistencia social de las minorías desfavorecidas, creó una escuela de enfermeras, integró la Sociedad de Beneficencia y en 1921 organizó la Confederación Nacional de Beneficencia.
Guillermina publica las obras completas de Eduardo Wilde y dona los derechos a la Universidad de Medicina para que lo destine a un premio anual en nombre de su marido.
Guillermina falleció el 29 de mayo de 1936.


Eduardo Wilde
Nació en Tupiza, Bolivia, el 15 de julio de 1844. Fue Ministro de Justicia, Culto e Instrucción Pública, Director del Departamento Nacional de Higiene, etc. durante los gobierno de Miguel Juárez Celman y de Julio A. Roca; con este último habían sido condiscípulos. Fue paladín del laicismo, suprimiendo la enseñanza religiosa de las escuelas públicas. Fundó el colegio Nacional de La Plata. Tuvo una participación directa y riesgosa durante las epidemias de cólera de 1867/68 y de fiebre amarilla de 1871. Ejerció la docencia universitaria y el periodismo como director y redactor de La República. Estuvo al frente de las embajadas en Estados Unidos, España y Bélgica.
Eduardo era hijo del Coronel Diego Wellesley Wilde y nieto de Santiago Wilde, ambos ingleses y sobrino del Dr. José Antonio.
La madre de Eduardo fue Visitación García, tucumana, hermana de Fortunata, la mujer que en 1841, se colocó en la historia de su provincia, como una Antígona criolla, pues tuvo el coraje de quitar la cabeza de Marco María Avellaneda de la pica en que estuvo expuesta durante dos semanas en la plaza principal de la ciudad.
Es viudo, médico, escritor, intelectual, con gustos exquisitos, le agrada la ópera y viajar por el mundo y, por si fuera poco, ocupa cargos de gobierno expectantes como ser ministro de Justicia e Instrucción Pública de Julio Argentino Roca en su primera Presidencia. Cuando pide la mano de Guillermina (costumbre ya perimida), promete a su padre convertirla en un ser culto y refinado. Para Eduardo, contrariamente a lo que se piensa en la época,  la mujer debe cultivarse en todas las áreas y cree que una mujer cultivada, dueña de sí misma, puede independizarse totalmente del hombre.
Escribió de su obra Ricardo Rojas: “El ingenio de Wilde es, a veces, simple malicia socarrona de provinciano aporteñado, aunque ciertamente, malicia superada por la cultura y refinada por el ingénito sentimiento del arte”.
Florencio Escardó en su enjundiosa biografía crítica agrega: “En Wilde escritor es imprescindible discriminar otros valores fundamentales de su obra, sin que ello implique minoración u olvido de su humorismo. Su fondo de ternura es incuestionable, salta a cada rato en sus páginas menos tiernas y alcanza el límite de lo sublime cuando se lo propone directamente.”  La primera edición de la biografía escrita por el Dr. Escardó denunció la cesación desde 1933 de la entrega del Premio Wilde e ironiza que fue “por falta de fondos”. El albacea apareció y aclaró que “los fondos estaban en el Banco de la nación, sin que la Facultad, ni la Universidad ni el albacea se hubiesen inquietado que no funcionaran a los fines de previstos.”
En Bélgica, murió el 5 de setiembre de 1913.

Un trio, menage a trois, con el presidente Julio Roca
A Eduardo Wilde se le atribuye el dicho de “los cuernos son como los dientes; duelen al salir pero ayudan a comer.” Wilde que no era ningún tonto, jamás abrió la boca. Las revistas de aquella época se burlaban de Roca por este affaire. El romance prosiguió a pesar de los ataques políticos furibundos que recibió en aquel momento.
A los coraceros, que eran la escolta presidencial en aquel entonces, se les llamaba los guillerminos porque eran comandados por el hermano de Guillermina, a quien Roca había nombrado saltando los formalismos.
Wilde parece no reprochar este amor, Julio sigue siendo su amigo y Guillermina su incansable compañera de viaje. Sin embargo, los amantes se separan y es Roca quien lo decide. Presidente por segunda vez, no puede prestarse a los chismorroteos sociales.
Julio Argentino Roca era un adúltero notorio. Hacia 1894 su amante era Guillermina. Su amante más famosa fue la escultora Lola Mora, una joven y hermosa artista tucumana, huérfana, de buena familia, con fortuna propia, fogosa y escandalosa.
En su vida amorosa también hace honor a su apodo. De sus amoríos con Ignacia Robles en Tucumán ha quedado una hija, Carmen Roca; se casa con la cordobesa Clara Funes y fruto de esa unión es su hijo Julio Roca, pero sigue siendo un conquistador.
 “No deseo nada, sino lo imposible; no querría ser el hombre más poderoso de la tierra, lo que tal vez desearía es ser joven, sano, buen mozo, amado de una mujer joven y linda, queriéndola mucho a mi vez y contando con su fidelidad. Como eso es imposible, sobre todo lo último, no tengo que hacer nada en este mundo ni en el otro, puesto que no lo hay.
(Carta de Eduardo Wilde a Julio Argentino Roca. 13 de setiembre de 1909)
Para Wilde aceptar no significa no sufrir, la carta que escribe a su amigo, así lo demuestra.
Esa es la razón que a Roca lo lleva a tomar la decisión de enviar a Eduardo primero a Washington y más tarde a la legación argentina de Bélgica y Holanda. El presidente comprendió que había que darle un corte al asunto y mandó al matrimonio Wilde a recorrer el mundo en diversas misiones diplomáticas. Pero las burlas no cesaron, al contrario. La cosa pasó de castaño a oscuro cuando Caras y Caretas publicó una caricatura en la que Figueroa Alcorta criticaba la designación de Wilde en Holanda. Roca le contestaba: “Confío en que ha de serle grato a Guillermina”. Era un juego de palabras: la reina de Holanda también se llamaba Guillermina, más exactamente Wilhelmina Helena Pauline, princesa de Orange-Nassau.


Ni siquiera lejos fueron discretos. En 1899, Roca viajó a Brasil con el propósito de dejar a Chile sin un eventual aliado. En la nutrida comitiva viajaba Enrique García Mérou, que le escribió a su hermano: “Desde que salimos, todos vimos que Wilde era el personaje predilecto del presidente, cosa chocante porque todos han dado en decir que Roca tiene una pasión senil por Guillermina y que los errores de su gobierno responden a un principio de reblandecimiento. Será calumnia, pero las apariencias son terribles, pues los tres personajes del enredo parecen empeñados en no producir un solo acto que no justifique la maledicencia. En el palacio Catete, Roca tenía alojamiento preparado para sus ministros y secretarios. Despidió al secretario para poner en su lugar a Wilde…”

¿Qué lleva a Wilde a ofrecerse como marido y educador de Guillermina? ¿Acaso la soledad? En Guillermina se mezcla la inocencia y el interés por una vida más plena. Quizás la entusiasme la idea de viajar, de aprender, de convertirse en alguien importante, como Eduardo, que parece saber todo de todo, que disfruta de una ópera, del teatro o escribiendo cuentos y artículos para la prensa.
Parece más bien un intercambio de intereses: yo te educo, tú me acompañas en mis viajes.Wilde cumple acabadamente con la promesa que había hecho; Guillermina es tierra fértil, joven, inteligente, todo lo absorbe: la belleza de los museos, la ópera, el teatro, los idiomas, puede hablar perfectamente francés, discutir con el embajador en inglés; las horas que Eduardo ha dedicado a su educación han dado su fruto con creces.
Guillermina también cumple, acompaña a su esposo por el mundo, pero el corazón tiene su propio ritmo y será el gran amigo de Wilde, Julio Argentino Roca, el que despierta el amor y la pasión en Guillermina.
¿Por qué remplazó al hombre que todo lo sabía por el que todo lo podía? ¿Habrá logrado Guillermina ser dueña de su propio destino? A juzgar por lo sucedido, parece ser que al final de su vida fue dueña de su destino; Wilde se impuso después de muerto.
La acusación de Luna al insinuar que queda histérica sin verlo a Roca, suena exagerada.
Guillermina es un caso digno de la clase media alta que va a los frenopáticos argentinos, pero no hay datos si ha estado internada en alguno de ellos.
Una tarea sería ver si Charcot escribió sobre ella en algunos de sus casos clínicos, e incluso no sería sorprendente que la hayan visto con el mismo Freud.
Roca sigue acumulando acusaciones, muchas de ellas se hicieron estando aún vivo, además de acusársele de ser un dechado de todas las aberraciones y psicopatías (violento, asesino, discriminador), se incluye en ellas las de una pasión por una demencia senil.

lunes, 5 de febrero de 2018

Conversaciones con Manal - La Pesada del Roncaroll



Veía los discos vinilos de la Pesada de Rocanrol en disquerías especializadas, eran difíciles de conseguir en los noventa, luego compré un mp3 en Parque Rivadavia, escucho todos esos discos bastante seguido, ahora a la distancia, con los recuerdos, aprecio a este grupo mucho más, y un par de anécdotas con ellos están en mi memoria.
Ricardo Mollo dice que el primer show de rocanrrol en el oeste que vió, fue el de ellos (Pesada), el bajista Alejandro Medina dice en reportaje que a los shows por esa zona, tenían que ir con armas.
En primera semana de octubre de 1993, en la Federación de Box, de la calle Castro Barros, recuerdo al Cufarrón diciendo, “como no lo vas a conocer, él estuvo en la Pesada del Rocanrol, es Pinchesky”, estaba anunciado Gabriel Carámbula en panfleto, no fue, Papo tampoco.
En otoño de 1994 en Die Schule, nos cruzamos a Javier Martinez, el baterista y cantante, el Cufarrón diciendo, “él es el de la Pesada del rocanrol”, tenía un vaso en la mano, ante la pregunta sobre qué opina del grupo luganiense las Rubias de Hong Kong, nos dice, “a nosotros nos gusta todo lo que sea rocanroll”,  le dice el Sahumerio Saul, “anda, tomatela, vos tenés un pedo bárbaro”, a ese lugar fueron los cristobrerienses y vietenses, como yo, “Pepe y Pepe”, en ese lugar a mi campera escribieron con birome “de Beatles”.
En 1996, en Boedo 600, en Cocktail rock, esta pequeña historia que ya le comenté a mi hermana Mónica, ella me dice “ese tema me suena, es de mi época”, ahora la historia, preguntando por la gente del grupo de Pies Ligeros, me atiende una especie de portero - patovica, me dice “Gardi Pays está en la especie de camerino”, me lleva cerca con la gente de Pies Ligeros, luego a este mismo señor lo veo en arriba del escenario con el bajo, comprendo que él es Alejandro medina, se presenta con su mujer, impresiona su voz fuerte, los oyentes no éramos más de 5 personas, tengo grabado todavía algo de ese día.
Según conocidos a Javier Martinez lo vieron en el Samovar tocando solo.
En el tema “Mágicas ruinas”, canción que recuerdo siempre que veo alguna ruina antigua, Medina toca solo y canta. La versión del disco en vivo es la mejor.
En 1996-7, Cufarrón, y Hongo están en la sede del Frepaso en Lugano I y II, se presentaron como concejales, les comento la idea de verlo a Alejandro Medina en Punta Liniers, lugar donde fuimos bastantes veces, “a el Cufarrón no le gustó la idea para nada”, me dice el Hongo, Punta Liniers, se encuentra al lado del porno caberute, ahí creo toco también Alambre y la doble Nelson, no recuerdo si lo vimos.
Después del show, le digo al Cufarrón, “se me ocurrió recién un tema, “no hay que tener una pija de metro y medio, ni relojes de medio millón”, el Cufarrón dice, “contaselo a él”, Alejandro M estaba en la mesa de al lado. El Cufarrón hace como que le toca el culo a Medina, metiendo el dedo en el espacio entre los cachetes, todo ello sin él darse cuenta, yo lo miro como diciendo “uhhh, eso es muy mucho”, Iose Crocit contó que en el baño (Alejandro M), “preguntó si alguien le podía dar un saque gratis”.
Falto conocer a Gabis, por suerte no asistí a su curso de guitarra gratuito en la Usina del arte.
En agosto de 2017, me lo crucé a Javier Martinez cerca de Congreso, estaba en un bar, en su habitad natural, considerar lo que dice sobre los boludos que se las saben todas, que están en los bares, lo vi tras de un vidrio, le hice un gesto de tocar baterías, el hi-hat, mira y hace como que aprueba el gesto.

viernes, 12 de enero de 2018

Mis manuscritos sobre Kant




Doct:
Creo que el grueso de autores que vds revindican, propusieron volver a Kant, eso estoy haciendo.
Todos los textos fueron tomados de la facultad  de Psicología de la uba.
Sé que no quedo bien diciendo que no puedo olvidarme de los dibujos de la introducción a la obra de Kant, libro de la famosa colección, sobretodo los dibujos cerca de su muerte.
Lo más simpático, como decía Carpio, que es un viajante sin viajar, algo realmente a imitar, con sus lecturas imaginó el mundo y el universo. Imaginaba que dado un paisaje, influiría en la complexión de algún individuo, y por lo tanto, en su psique también. Es singular que lea informes de jesuitas de América, entre ellos Ruiz de Guzman. Piensa como serían los extraterrestres, dada su complexión, darían cierto estilo de pensamiento.
También fue célibe, igual que Spinoza, aunque regalaba flores a bellas mujeres.Es sabido que reculó, como todo filósofo, excepto Sócrates, ante la autoridad de turno, se comió los mocos. Ha estado de acuerdo con la pena de muerte.
Su énfasis en lectura crítica, mucho sostienen que leyó a Duns Scoto, parece ser cierto.
En el recuerdo, lo que más simpatía me despertó, fueron sus anotaciones, que fueran compiladas post morten, que no por ella son menos valiosas.
Llegué a Kant gracias a la cita del doctor Pages Larraya sobre la “Antropología sobre el empirismo”, texto que conseguí luego, en una edición que parecía mordida por un perro, y luego por una carta traducida, donde da consejos para no enfermarse, ambas fueron propuestas como material de lectura de catedra.
En todo se encuentra una conclusión sobre la imposibilidad de una psicología empírica, algo muy alemán, esa separación entre psicología empírica y psicología racional, es un debate aun no cerrado.
Creo que copié algunos fragmentos de una traducción del argentino Correa.
En el año pasado encontré una carta suya sobre lo sobrenatural, creo que la conclusión es que no descree de algo mas allá de lo probable, pero que no se puede probar.
Por los testimonios de sus discípulos, parece que muere de alzheimer, siendo que lo último que quedó de su memoria fue su poética, recordando versos de Virgilio.
Muestro acá una foto de su mascarilla postmorten, incluida en su publicación de sus anotaciones manuscritas.

Kant, Immanuel
Como orientarse en el pensamiento.
(was heisst: sich im denken orientieren?) (1781)
Edit Leviatán. Bs as. 1982
Copiado 19 de noviembre de 2003, en la Biblioteca de la  Facultad de Psicología de Bs As

De esta especie, era al principio que profesaba el difunto Mendelssohnn, aunque, por lo que sé, solo en los últimos escritos (los Morgenstunden) (a) .pp 165-66, y la carta a sus amigos de Lessing (b), pp 33 y 67); a saber, la máxima de necesidad de orientarse en el uso especulativo de la razón (uso ala que Mendelssohn por lo demás, concedía mucho, in (34) cluso hasta la evidencia de la demostración, con respecto al conocimiento de los objetos suprasensibles ) a través de un cierto medio conductor, este medio conectar era llamado por Mendelsohn ya el sentido común (gemersinn) (en los Morgenstunden), ya la sana razón (gesun de vernunft), ya el simple entedimiento humano (schlichte menchen rirstand) (en la carta a los amigos de Lessing)
¿Qué había podido pensar que semejante declaración resultaría tan perniciosa (lo que de hecho era inevitable) no solo por la ventaja opinión de Mendelsohn se formaba acerca del poder, del uso especulativo de la razón en cuestiones teológicas; sino incluso la sana razón común, dada la ambigüedad en lo que Mendelsohn había dejado el ejercicio de este poder en contraste con la especulación, correría el riesgo de servir de principio al delirio (schwammerer) y a la completa abdicación de la razón? Y sin embargo, esto es lo que ocurre en la polémica entre Mendelsson y Jacobi, sobre todo por las conclusiones no (35) desprovistas de importancia del sagaz autor de los Resultados.
No voy a atribuir a ninguno de los dos pensadores el propósito de introducir un modo de pensar tan pernicioso, aunque considero la tentativa de Jacobi, y del autor de los Resultados, como un argumentun ad hominem, del cual, es justo servirse como de un simple arma defensiva utilizando para en desventaja los puntos débiles que ofrece el adversario. Mostraré, por otra parte, que de hecho es por la mera razón por lo que hay que orientarse, y no por un presuntamente oculto sentido de la verdad o una intuición exaltada, en la que se podrían injertar, sin consentimiento de la razón, la tradición y la revelación. (36)
En efecto, el uso propio práctico de la razón consiste en la prescripción de leyes morales. Ahora bien, todos estas leyes llevan a la idea del bien supremo posible en el mundo: la moralidad (sitt lich keit), la cual solo es posible por la libertad; por otra parte, esas leyes llevan también a lo que no solo depende de la libertad humana, sino también de la naturaleza, a saber, a la mayor felicidad, en la medida en que esta se encuentra repartida en proporción con la moralidad. Por consiguiente, la razón exige admitir semejante bien supremo dependiente, y, para la consecución del mismo, exige admitir una inteligencia suprema como bien supremo independiente; no la exige, por cierto derivar de ello la autoridad obligatorio de las leyes morales, o de las móviles (triebfeder) para respetarlos (pues esas leyes no tendrían valor moral alguno si su motivo (bewiegungsgrund) se derivara de otra cosas que la ley, misma, la cual es por si misma apodícticamente cierta); la razón lo que exige solo para dar realidad (Realitat) objetiva al concepto de bien supremo, es decir, para impedir que ese bien, junto con la moralidad entera, sea tenido por supremo ideal, si no existiera en alguna parte del objetivo cuya idea acompaña inseparablemente a la moralidad. (49)
¡Hombre de gran espíritu y de amplias disposiciones de ánimo! Honro vuestro talento y venero vuestros sentí (50) miento de humanidad. Pero ¿habéis pensado bien lo que hacéis y adonde llegara la razón de vuestros ataques? Sin duda, queréis que la libertad de pensar se mantenga intacto, pues sin ella pronto se terminaría incluso medios de gran genio. Veamos lo que ha de resultar naturalmente de esa liberta de pensar, si se expande el procedimiento que habéis iniciado.
A la libertad de pensar se opone en primer lugar, la coacción civil. Es verdad que se dice que la libertad de hablar, de escribir, puede sernos quitada por un poder superior, pero no la libertad de pensar. Pero ¿pensaríamos menos, por decirlo así, y con corrección, si no pensaríamos, por decirlo así, en comunidad con otros, que nos comunican sus pensamientos, y, a los que comunicamos los nuestros? Por consiguiente, se pude decir que el poder externo que priva a los hombres de la libertad de comunicar públicamente sus pensamientos los priva también de la libertad de pensar, y esto es el único tesoro que todavía nos queda en medio de todas los cargos civiles (60) y también lo único que pueden aportar en remedio contra todos los males inherentes a esa condición.
En segundo lugar, la libertad de pensar, es tomada en el sentido de que ella se opone a la intolerancia (gewissseszwang). Es lo que ocurre cuando en materia de religión, y sin coacción externa, hay ciudadanos que se erigen en tutores de otros, y, en vez de dar argumentos, procuran, por medio de fórmulas de su fe obligatoria, e inspirando por miedo angustioso al peligro de una investigación personal, desterrar todo examen de la Razón gracias al temprana impresión producida en el ánimo.
En tercer lugar, la libertad de pensar significa el sometimiento de la razón a ninguna otra luz sino a las que ella se da a si misma; y lo contrario de eso es la máxima, de en unos sin ley de la razón, para, de este modo, como se figura el genio, ver más lejos que bajo la limitación de las leyes). De esto resulta naturalmente que si la razón no quiere estar sometida a la ley que ella se da a sí misma, entonces, ha de obligarse bajo el yugo de los de (61) ser que le da algún otro; pues sin ley alguna nada, ni siquiera el mayor absurdo, puede mantenerse mucho tiempo. Así, la inevitable consecuencia de la ausencia explicita de la Ley en el pensamiento (de una liberación de las limitaciones puestas por la razón) es esto, que la libertad de pensar finalmente se pierde, y, porque no es culpa de la mala suerte,  sino de una verdadera petulancia, la libertad se pierde por ligereza en el sentido propio de la palabra. El curso de las cosas es aproximadamente el siguiente. Primeramente el genio se complace mucho en su audaz brío, puesto que ha rechazado el hilo con que lo guiaba antes la razón. Pronto el genio hechiza también a los demás con decisiones terminantes, y grandes expectativas, y, finalmente, parece haberse instalado en el trono que una razón despaciosa y pesada adornada  tan mal.; aunque sin abandonar el lenguaje de la misma. Nosotros, hombres comunes, llamamos delirio la máxima, desde entonces admitida, de la invalidez de una razón supreminente legisladora; pero esos favoritos (62) de la buena naturaleza lo llaman iluminación (erleuchtung) pero, sin embargo, como pronto tiene que nacer entre ellos una confusión de lenguaje, puesto que solo la razón puede disponer con validez universal,  y ahora, cada uno sigue su propia inspiración, esas inspiraciones, entonces, tienen que surgir, finalmente, de hecho aseguradas por testimonios extensos y tradiciones, que al comienzo todavía eran elegidos, pero que con el tiempo, se convierte en fuentes documentales obligatorias. En una palabra, de todo esto tiene que resultar el total sometimiento de la razón a los hechos, es decir, la superstición (Aberglaube); pues esto, por lo mismo, se deja reducir a una forma legal y, de este modo, aun estado de descanso. (63)

Kant, Immanuel
Principios metafísicos de la Ciencia de la Naturaleza.
Metaphysische anfangsgrunde der naturwissenschaft
Edit Tecnos. S.A. (1786).1991. Madrid
Copiado el 19 de noviembre del 2003, de la Biblioteca de Facultad de Psicología de Bs As

Por tal razón, la ciencia de la naturaleza propiamente dicha, presupone la metafísica de la naturaleza. Ciertamente ella debe contener siempre principios que no son empíricos (precisamente por ello lleva el nombre de metafísica); sin embargo, también puede o bien no tener ninguna relación con un objeto de experiencia determinado, y, por tanto, sin preocuparse de forma determinada de la naturaleza de cualquier cosa del mundo sensible, tratar de las leyes que de una manera general hacen posiblemente el concepto de su naturaleza, tal es la parte trascendental de la metafísica de la naturaleza, o bien se ocupa de la naturaleza particular de tal o cual especie de cosas de las que les dado un concepto empírico, pero no utiliza salvo lo que contiene este concepto, ningún otro principio empírico para el conocimiento de estas cosas (por ejemplo, se toma como fundamento el concepto empírico de una materia o ser pensante, y se busca la extensión del conocimiento, de lo que es capaz la razón a priori en (7) la que concierne a estos objetos) ; así una ciencia de este género siempre debe denominarse metafísica de la naturaleza, a saber, de la naturaleza corporal o de la naturaleza pensante, sin embargo, en este caso, se trata no de una ciencia metafísica de la naturaleza general, sino, por el contrario, particular (física y  psicología), ciencia que aplica estos principios transcendentales a los de géneros de objetos de nuestros sentidos.(7)
La Psicología empírica esta todavía más alejada que la química del rango de una ciencia natural propiamente dicha, principalmente por las matemáticas no puede aplicar a los fenómenos del sentido interno, y a las leyes ya que entonces debería tomarse en cuenta la ley de la continuidad en el flujo de sus modificaciones internas;  pero esto sería una extensión del conocimiento que se comportaría de modo semejante a como lo hacen las matemáticas con respecto a la teoría en los cuerpos; aproximadamente como la teoría de las propiedades de la línea recta se relacionan con la totalidad de la geometrías. En efecto, la pura  intuición interior, donde debe construirse los fenómenos, del alma, es el tiempo, que solo tiene una dimensión. Tampoco podría nunca comparase con la química, como arte sistemático de análisis, o teoría experimental, porque lo diverso de la observación interna solo se deja separar mediante una simple división en ideas pero no puede (las partes) conservarse en estado separado, ni combinarse de nuevo a voluntad; además no es posible someter a otro sujeto pensante a experiencia convenientes a nuestros fines, ya que la observación misma altera y desfiguran en si el estado del objeto observado. Esta Psicología, pues jamás podría ser otra cosa (8) que una  teoría natural histórica del sentido interno, y, como tal, tan sistemática como sea posible, es decir, una descripción natural del alma, pero no una ciencia del alma, ni tampoco una teoría psicológica experimental; también es esto la razón por la cual hemos dado a esta obra,  ya que contiene de hecho los principios de la teoría del os cuerpos, siguiendo la costumbre el título general de Ciencia de la naturaleza, porque en sentido propio solo le conviene a ella esta denominación y no puede dar lugar, por tanto a ambigüedad alguna. (9)


Kant, Immanuel
Transición de los principios metafísicos de la ciencia natural o la física. (Opus Postumun) Editorial Nacional. Madrid.1983
Copiado el 19 de noviembre del 2003 de Biblioteca de Psicología de Bs As

Los ojos del basilisco (de los príncipes), cuya mirada no puede soportar el ciudadano. (663) (basilisken)
La palabra intuition (intuitus) se refiere al ver al concepto (conceptus), a la compresión, al entrar en contacto. Menos determinaciones subjetivas de la facultad cognoscitiva. (548)
La doctrina de la felicidad es el principio de la gimnastica (negativa justiene et abstine) y el bienestar (salus): mens sana in corpore sano; sin embargo es la moral el sustento previo de esto. (316)
Persona significa también máscara. Exipitur persona manet res (tun demun veras voces eliciuntur et eripitue persona manet res)
(nota del editor) Lucrecio. De rerum natura, III, 57-8, nam verae voces tum denun pectore ab ino / elu iuntur et eripur persona manet res (pues entonces por fin al hondo del pecho / son profundas voces verdaderas / la máscara se quita y queda el hombre) Kant cita de memoria, como de costumbre, alterando los versos. Unas interesantes apreciaciones, sobre el mismo papel de la persona, como máscara, se encuentra en Anthrop, $14; VII, 151-153) (601)
RELIGION ES ESCRUPULOSIDAD MORAL (gewisenhaftagweit) (mini hoc religioni): santidad de los primeros y veracidad, en que lo que el hombre tiene que reconocer (como) en sí mismo. Reconócete (gelche) a tí mismo. Tener, tal cosa no exige en el concepto de Dios ni menos aún el postulado: “hay un Dios”.668
Sabiduría como sujeto que ensaña al hombre (maestro): filosofía. (688)
El sexo femenino está continuamente rivalizando con exigencia de unas (mujeres) con otras, pretendiendo sacarse mutuamente ventaja y malmetiendo con gusto a los hombres unos contra otros. (693)
Si solo hay fuerza vital en la naturaleza de los seres orgánicos sobre la tierra (entendida) como madre. (179)
(nota del editor): ya en el $80 de la tercer Crítica había hablado Kant del “seno materno” (mutterhoous) de la Tierra”(V159) calificación que encontramos aplicada también al éter: “madre nutricia”(Gebahumutter) de todos los cuerpos (ref) 44, XIV.295) tanto en D.P como en la Crítica del juicio, deja escapar Kant de cuanto en cuanto consideraciones innegablemente empapadas de espíritu místico). (179)
Según este principio, cabe establecer  el carácter orgánico de la materia desde el reino vegetal al reino animal (con lo cual comienza ya los deseos de las instancias corpóreas como verdaderas fuerzas vitales), así como su organización en cuanto sistema en orden a las necesidades de las diferentes especies, cada uno de las cuales está en función de la otra (el ganso para el zorro, el ciervo par el lobo) según la diversidad de sus razas e incluso de diversas formas originarias ahora desaparecidas (entre las cuales no debieran haber estado los hombres; dado que las revoluciones telúricas en el seno de la tierra y en las montañas de este modo surgidas no presenta –según Camper-  hasta de ellos); y así hasta que incluso nuestra tierra, matriz de todas las cosas, alcance su fin como cuerpo orgánico nacido del caos en el mecanismo de la naturaleza. Para señalar el inicio o la terminación de esto es algo que rebasa enteramente los límites de la razón humana.(216).
El tema de Dios es el comienzo de todo aquello que se oponga al derecho, pues esta infracción opuesta a la razón ética: práctica. (596)
En todo problema parece estar, aún, en si esta idea producto de nuestra propia razón (ins rationis), no quedándonos otras cosas sino la relación moral con este objeto meramente problemático, que deja subsistir solo la fórmula de conocimiento de todos los deberes humanos como (tanquam) mandatos divinos cuando el imperativo categórico del deber hace sonar en férrea voz por entre todas las seducciones y cantos de sirena de los estímulos de los sentidos o también entre las intimidaciones que amenazan a estos.
Hay dos modos en que los hombres postulan la existencia de Dios. Ellos dicen a veces; hay un Juez divino vengador pues la maldad y el crimen exigen la destrucción de esta horrible raza. Otras veces piensa la razón en el mérito de que el hombre es capaz: el de poder ponerse a sí mismo en una clase superior, el saber de los seres autoreguladores (mediante la ético-práctica), capaces de elevarse sobre todos los seres limitados a los sentidos, junto con una vocación (Beruff) a ello. En cuanto tal no es (Dios) una cosa simplemente hipotética, sino una determinación a entrar en una clase de seres que son autores de su propia condición, es decir, que están obligados) y, sin embargo, se dan obligaciones a si mismos. (606).
El concepto de Dios es la idea de un ser moral que como tal, juzga y manda, universalmente. No es esto una cosa hipotética, sino la misma razón, pura práctica, en la personalidad, junto con las fuerzas motrices en vista de los seres del universo y sus fuerzas. (607)
(hasta 609)